ImagenHay que tener siempre presente la tarea incesante de la burguesía por dejarnos ver solo el “mundo” que le conviene para que ni se nos ocurra inventar uno nuevo.

En las narices nos fabrican reinos de “placeres”, “poderes” y “aventuras”, a cual más fascinantes y a los que podemos acceder solo si somos serviles al fanatismo de la mercancía, el consumismo y la defensa rabiosa de la “propiedad privada”… la de los ricos, claro está.

Y nos lo ponen en la “tele” para que suplante lo que pasa en las calles. Entre publicidades.

Se trata de hacer visible un arsenal de ilusiones variopintas que pasa a ser “realidad”, multiusos, ideada para esconder la “realidad real” y suplantarla, sustituirla o saturarla de manera desigual y combinada. Terminamos, con frecuencia, viviendo entre ficciones que invisibilizan lo importante a fuerza de imponernos lo intrascendente.

Se trata de hacer invisibles nuestras fuerzas verdaderas, de negarlas y de tergiversarlas.

Se trata de una alquimia perversa que pretende convertir la fuerza de trabajo, la organización y las ideas revolucionarias en masa amorfa intoxicada de consumismo, adicta a la egolatría y al individualismo. Mentalidad burguesa inyectada en el proletariado. Sometimiento de la conciencia para que crea que es verdad el reino de las mentiras. Pero “que no se note”.

El capitalismo invierte fortunas en fracturar la relación entre “ver y pensar” para actuar de inmediato. Gasta fortunas en lograr que lo que veamos invisibilice lo que somos para convertirnos en presa fácil de ilusiones mesiánicas, burocráticas, reformistas o consumistas. Que no miremos cómo es la realidad, que no veamos que nos saquean o nos explotan y sí veamos eso como dádiva generosa que se debemos agradecer e idolatrar.

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