• Refle­xio­nes del autor de “Via­jes con Hero­doto” en su visita a México para  impar­tir un taller de la FNPI en enero del 2001.
  • “Nues­tra pro­fe­sión de cro­nis­tas, de repor­te­ros, de perio­dis­tas, requiere de mucha lec­tura: es una debi­li­dad  pero a la vez una for­ta­leza de nues­tro quehacer”.

0123kap3-1024x689 Por Rys­zard  Kapuscinski  Publi­cado ori­gi­nal­mente en RMC 69 Repor­tero tro­ta­mun­dos. Tes­tigo de los acon­te­ci­mien­tos más rele­van­tes del Ter­cer Mundo durante la segunda mitad del Siglo XX. Cro­nista y escri­tor excep­cio­nal. Hom­bre polí­glota que trans­pira con­fianza, pro­yecta humil­dad y com­parte sus refle­xio­nes y experiencias. Autor de 20 libros sobre el acon­te­cer mun­dial, entre ellos El empe­ra­dor, El Sha, La gue­rra del fut­bol y otros repor­ta­jes, El Impe­rio, Ébano y La gue­rra de Angola.  Perio­dista polaco que ha vivido  las entra­ñas de 27 revo­lu­cio­nes y la caída de dos imperios. Tales son los tra­zos que deli­nean míni­ma­mente a Rys­zard Kapus­cinski quien, a prin­ci­pios de marzo, visitó México con el pro­pó­sito de impar­tir un taller para perio­dis­tas lati­noa­me­ri­ca­nos, con­vo­cado por la Fun­da­ción para el Nuevo Perio­dismo Ibe­roa­me­ri­cano  –pre­si­dido por el Nóbel Gabriel Gar­cía Már­quez–  y la Uni­ver­si­dad Ibe­roa­me­ri­cana, con el patro­ci­nio de CEMEX. A lo largo de ese fruc­tí­fero encuen­tro –que tuvo una dura­ción de 16 horas repar­ti­das en cua­tro días-–, Kapus­cinski  tuvo opor­tu­ni­dad de ofre­cer sus con­cep­cio­nes, plan­tea­mien­tos y expe­rien­cias en torno a dis­tin­tas face­tas del queha­cer perio­dís­tico.  De tales expo­si­cio­nes,  se pre­sen­tan los siguien­tes apun­tes –res­ca­ta­dos  en un estilo libre por Omar Raúl Mar­tí­nez, asis­tente a dicho semi­na­rio– que per­fi­lan la mirada de un perio­dismo moti­vado por la bús­queda de enten­di­miento humano a tra­vés de una prosa arrai­gada entre la sub­je­ti­vi­dad, la his­to­ria y la literatura. Antes, el perio­dismo era una misión prac­ti­cada por unas pocas per­so­nas con amplios cono­ci­mien­tos de cul­tura e his­to­ria. Lamen­ta­ble­mente ahora ha pasado a ser una pro­fe­sión de masas en la que no todos son com­pe­ten­tes. Hoy lo tra­tan como una carrera más que puede aban­do­narse mañana si no rinde los fru­tos eco­nó­mi­cos espe­ra­dos. En con­se­cuen­cia ha per­dido cierto aire aris­to­crá­tico que lo dis­tin­guió en el pasado. Tan es así que en nues­tros días, en cada pue­blo hay una igle­sia y una escuela de periodismo.

Apren­der y ganar

Los repor­te­ros sig­ni­fi­can un grupo espe­cial entre los perio­dis­tas: entre­gan tiempo, ambi­cio­nes, aspi­ra­cio­nes y ener­gía para cum­plir con su ofi­cio.  Dedi­ca­ción, con­cen­tra­ción y refle­xión per­ma­nen­tes cons­ti­tu­yen su savia. No obs­tante, algu­nos se duer­men en sus lau­re­les por enfo­carse más en el dinero a costa de la cali­dad. En ese sen­tido con­viene seña­lar que en los pri­me­ros pasos repor­te­ri­les es pre­fe­ri­ble cen­trar las miras en la cali­dad aun­que no pueda ganarse mucha plata. Simul­tá­nea­mente no se logran ambas cosas. Si al inicio se elige ganar menos, al final el perio­dista sale gana­dor. Por­que nues­tro ofi­cio no arroja resul­ta­dos inme­dia­tos. Hay que tra­ba­jar años y años. Antes de los 30 ó 35 todo es apren­di­zaje. No hay que deses­pe­rarse por ganar reco­no­ci­mien­tos. La pacien­cia debe ser una de nues­tras virtudes. En nues­tra pro­fe­sión, más que vol­ver­nos cíni­cos o fríos, el tiempo  nos hace más sen­si­bles y vul­ne­ra­bles por las tra­ge­dias testimoniadas.

Fuego interno

Una buena parte de los repor­te­ros son muy inquie­tos y están lle­nos de pre­gun­tas. Y es que en el momento en que se pierde la curio­si­dad, se deja de ser perio­dista. Sin ella se muere el fuego interno. El que no sabe tiene más sen­tido que el que cree que sabe: ello le per­mite ser más crea­tivo. No saber es una cir­cuns­tan­cia natu­ral: no debe dar­nos pudor. Vivi­mos en un mundo com­pli­cado. Es difí­cil deve­lar. El público vive igual: un mundo con pocas respuestas.

Caza­do­res furtivos

Nues­tra pro­fe­sión de cro­nis­tas, de repor­te­ros, de perio­dis­tas, requiere de mucha lec­tura: es una debi­li­dad  pero a la vez una for­ta­leza de nues­tro queha­cer. Sin embargo, la mayo­ría se preo­cupa más en cómo escri­bir y muy poco en qué leer.  En tales menes­te­res la ayuda de los cole­gas es indis­pen­sa­ble. Debe­mos ser caza­do­res fur­ti­vos de otros cam­pos: filo­so­fía, socio­lo­gía, psi­co­lo­gía, antro­po­lo­gía, lite­ra­tura… Y pro­fun­di­zar en los temas. Hacerse sabios. Todo ello con el afán de hacer ver al lector.

Apren­di­zaje continuo

Años atrás tenía ami­gos muy talen­to­sos pro­fe­sio­nal­mente, pero con el trans­curso del tiempo des­a­pa­re­cie­ron del mapa. ¿Qué pasó? Ellos no se desa­rro­lla­ron por sí mis­mos. No leían. No par­ti­ci­pa­ban en dis­cu­sio­nes. No via­ja­ban. Des­cui­da­ban su formación… Debe­mos apren­der a ser humil­des y nunca dejar de apren­der. Si se apaga el entu­siasmo por apren­der, se seca el fuego interno. Y si no se pre­para uno, se mar­chita ese entu­siasmo. La llama interna no puede des­cui­darse. No con­viene espe­rar tal seque­dad. Mejor pre­pa­rarse, intere­sarse, invo­lu­crarse, y leer, leer, leer…

Momen­tos definitorios

El tra­bajo del repor­tero con­siste en res­ca­tar lo ver­da­dero e intere­sante. En esa bús­queda soli­ta­ria todo depende de la gente. Es un ofi­cio que se emprende a solas, pero está a mer­ced de lo que hacen y dicen los demás. Los pri­me­ros 15 minu­tos frente a per­so­nas des­co­no­ci­das y cir­cuns­tan­cias nue­vas son defi­ni­to­rios.  Esos momen­tos son los que deter­mi­nan el futuro e incluso parte de la vida. Esa con­cien­cia genera una extraña e intensa sen­sa­ción. En un ensayo, cierto autor señala que las rela­cio­nes se defi­nen en los pri­me­ros segun­dos. Tal impre­sión lo marca todo. El resto es una con­ti­nua­ción de los con­tac­tos ini­cia­les. Por ello son tan impor­tan­tes los pri­me­ros encuentros.

Abrirse al encuentro

Hay mucha gente sus­cep­ti­ble a la arro­gan­cia.  Y como repor­tero resulta impres­cin­di­ble una sin­cera humil­dad. Por­que lo pri­mero ha de ser el enten­di­miento frente al otro: el ser humano con todas sus inquie­tu­des y su pro­pio mundo. Como entre­vis­ta­dor no es reco­men­da­ble la dureza. Mejor crear una atmós­fera de con­fianza. Y la pri­mera señal para encau­zar la con­fianza está en la son­risa. Lo ideal es abrirse al diá­logo pese al tipo de gente. Escu­char al entre­vis­tado y poner de nues­tra parte para entenderlo.

El valor de la amistad

Defi­ni­ti­va­mente en nues­tro ofi­cio todo depende de los otros. Un perio­dista solo no puede hacer nada por­que su vida y su queha­cer depen­den del otro. Si uno no sabe rela­cio­narse con la gente y ganarse su amis­tad, se ve impe­dido para desa­rro­llar su labor pro­fe­sio­nal. Sin el apoyo y la con­fianza de los otros es impo­si­ble ejer­cer el periodismo.

Cono­cer y enten­der el mundo

Para com­pren­der una cul­tura  ajena hay que inter­narse y asen­tarse en su tie­rra. Sólo así  podrá cap­tarse esa otre­dad. Para ello hay que tener plena dis­po­si­ción  y des­co­nec­tar­nos de “nues­tro” mundo. De esa suerte se enten­de­rán las dis­tin­tas reali­da­des del entorno visi­tado. Eso es muy difí­cil y casi nadie lo intenta real­mente. Son pocos los intere­sa­dos en cono­cer el mundo. La mayo­ría de la gente está satis­fe­cha sin cono­cer nue­vos luga­res. La inmi­gra­ción, por lo gene­ral, se liga con suce­sos lamen­ta­bles. Se inmi­gra no por pla­cer o para cono­cer sino por tragedias.

Dos talle­res

Tene­mos dos tipos de taller a lo largo de la vida pro­fe­sio­nal; el del repor­teo y la escri­tura coti­diana, enrai­zado en la velo­ci­dad de la noti­cia;  y el de la pes­quisa y la inda­ga­ción pro­funda, com­pe­ne­trado en pro­yec­tos his­tó­ri­cos de largo aliento. El pri­mero era un sacri­fi­cio y me per­mi­tía sobre­vi­vir eco­nó­mi­ca­mente, pero a la vez me abría la pauta para el segundo al apor­tar los nutrien­tes bási­cos para  engen­drar mis libros.  Resulta obli­gado plan­tearse pro­yec­tos más pro­fun­dos, de largo aliento, por­que si nos limi­ta­mos sólo al pri­mer taller, cir­cuns­crito a la veloz coyun­tura, esta­mos per­di­dos. Así, en el segundo y repo­sado taller apro­ve­cho lo que no pude incluir en las notas envia­das, en su momento, para la agen­cia infor­ma­tiva. El len­guaje y manejo perio­dís­tico de agen­cia es muy pobre: de hecho, como me cobra­ban 50 cen­ta­vos de dólar por pala­bra, sólo podía usar 200 pala­bras para des­cri­bir inten­sos y rele­van­tes suce­sos de un día. Por eso escribí mis libros. Tra­ba­jar como repor­tero, con infor­ma­cio­nes rápi­das, era el pre­cio por hacer lo que me gus­taba: cono­cer gente, sumer­girme en cul­tu­ras, inves­ti­gar suce­sos, apren­der del mundo, escri­bir mis libros, el ser escri­tor…  Resulta fun­da­men­tal tener con­cien­cia de ello para domi­nar la situa­ción y no afec­tarse por las cir­cuns­tan­cias. En ese sen­tido es pre­ciso estar por encima de los hechos para domi­nar­los como un piloto a la nave que conduce.

La punta del ice­berg

Resulta indis­pen­sa­ble pre­pa­rarse antes de cubrir cierta infor­ma­ción. Por­que si se va sin pre­via inves­ti­ga­ción, se puede des­in­for­mar. Se des­con­tex­tua­liza. Se dis­tor­sio­nan los por­qués y los hechos. Cuan­tas más infor­ma­cio­nes, mayor posi­bi­li­dad de madu­rar el texto perio­dís­tico. No puede ini­ciarse la escri­tura sin un pre­vio y con­cien­zudo aná­li­sis y una cui­da­dosa pre­pa­ra­ción de lo inves­ti­gado. Entre mayor mate­rial, mejor selec­ción. Es nece­sa­rio pen­sar en la cons­truc­ción estruc­tu­ral y en el len­guaje antes de escribir. La fuerza del tra­bajo infor­ma­tivo radica en la ten­sión entre lo que apa­rece publi­cado y lo que queda fuera. El repor­tero ha de actuar como el can­tante de ópera: sólo maneja el poten­cial de su voz. Como la punta del ice­berg: se podría dar más, pero úni­ca­mente se mues­tra lo esen­cial.  Lo que se publica es tan impor­tante como lo que queda excluido. Como autor, sólo apro­ve­cho el cinco por ciento de la infor­ma­ción que he acu­mu­lado. Si un perio­dista escribe todo lo que sabe, el texto tiende a ser malo.  En El Impe­rio, por ejem­plo, úni­ca­mente usé el cinco por ciento del mate­rial con­se­guido: reuní 14 mil cuar­ti­llas y publi­qué menos de 600.

Dos escue­las

Exis­ten dos escue­las de perio­dismo en el mundo: la euro­pea, cuyo prin­ci­pio es asu­mir cla­ra­mente una pos­tura ideo­ló­gica y  polí­tica frente a los hechos; y la anglo­sa­jona, que se sujeta a una supuesta obje­ti­vi­dad con­creta y supone el actuar de un perio­dista sin ideas ni emociones. En Europa esa dife­ren­cia es inexis­tente, pues allá la prensa emer­gió siendo par­ti­da­ria. No se oculta ten­den­cia alguna. Más bien enun­cia sin rubor, por ejem­plo: “Somos libe­ra­les y nues­tra causa es tal…” En otras pala­bras: se asu­men posi­cio­nes polí­ti­cas de cara al público por­que se parte de que el perio­dista lucha por algo. Aun­que en la prensa anglo­sa­jona esa ten­den­cia tam­bién existe, lo cierto es que se encu­bre para legi­ti­marse como obje­tiva. El asunto abriga dis­cu­sio­nes interminables.

Obje­ti­vi­dad artificial

Los gran­des due­ños mediá­ti­cos plan­tean la idea del perio­dismo obje­tivo por­que así no se com­pro­me­ten. Pero ello resulta inacep­ta­ble para la prensa euro­pea que, desde la Revo­lu­ción Fran­cesa, nació para aban­de­rar cau­sas ideo­ló­gi­cas. Por­que se funda en una lógica: “Si yo soy con­ser­va­dor, enton­ces  tra­bajo en un medio con­ser­va­dor”. Ser obje­tivo en la prensa es una pre­ten­sión artificial.

Cubrir la guerra

La gue­rra no puede cubrirse obje­ti­va­mente por­que es hecha por los hom­bres y ellos son sus res­pon­sa­bles. No se trata de fenó­me­nos natu­ra­les y por ello no puede dejarse de tomar una pos­tura. Los con­flic­tos béli­cos no pue­den cro­ni­carse como si fue­sen par­ti­dos de fut­bol. Pero la prensa no se aisla de la socie­dad y en una gue­rra hay muchos pun­tos de vista o ver­sio­nes que deben refle­jarse. La gue­rra no es algo abs­tracto: para mí es un horror y yo no puedo pasar como obje­tivo ante el horror. La gue­rra es un cho­que incon­tro­la­ble de emo­cio­nes huma­nas, de intere­ses eco­nó­mi­cos, de armas mortíferas… Los perio­dis­tas debe­mos domi­nar el tema antes de que éste nos domine a noso­tros.  Para ello es con­ve­niente tener el mayor con­texto del problema. La gue­rra es una tra­ge­dia humana en la que nunca gana alguien. Todos pier­den. Fir­mar la paz no sig­ni­fica el fin del con­flicto. La gue­rra crea obse­sio­nes y situa­cio­nes men­ta­les, y con­ti­núan las pug­nas por gene­ra­cio­nes. Los sobre­vi­vien­tes a los estra­gos de la bata­lla tam­bién son víc­ti­mas, pues están mar­ca­dos por la tragedia. Las gue­rras de los últi­mos 20 años son muy inhu­ma­nas y crue­les habida cuenta de que ya no son tra­di­cio­na­les: es decir, ya no son entre fuer­zas arma­das. Mien­tras que en la Segunda Gue­rra Mun­dial per­dían la vida dos civi­les por ocho sol­da­dos, en los tiem­pos actua­les mue­ren diez civi­les por un mili­ciano.  Hoy día casi no hay gue­rra entre ejér­ci­tos. Muje­res y niños son los más des­pro­te­gi­dos. Por eso las gue­rras son horrorosas.

Sen­tido humano

Los perio­dis­tas llo­ra­mos la tra­ge­dia refle­ján­dola. Las gran­des cifras no impac­tan. Con­mueve más la cir­cuns­tan­cia de una muerte, que el dato con­sig­nado de 20 o 25 millo­nes de muer­tos.  La indi­vi­dua­li­za­ción aporta la cara humana y demues­tra nues­tro res­peto a los las­ti­ma­dos por la tragedia.

Vio­len­cia y periodismo

El mayor pro­blema de la civi­li­za­ción actual es la vio­len­cia. Hasta La Biblia des­cribe bru­ta­les esce­nas: se sacan los ojos, se que­man ciu­da­des, se come carne humana… La vio­len­cia apa­rece a cada momento, inclu­yendo la lite­ra­tura clá­sica. Hoy día, los medios infor­ma­ti­vos sólo mul­ti­pli­can sus diver­sas face­tas. Todo se reduce a tres pro­ble­mas para enten­derla desde los lin­de­ros periodísticos:

  1. El con­texto: ¿Cuál es el tema o el pro­blema real?
  2. La inten­ción: ¿Para qué se dará cuenta de los hechos? ¿Sólo por sen­sa­cio­na­lismo o real­mente con el afán de hacer entender?
  3. El inter­cam­bio: Entre perio­dis­tas y medios, y entre éstos y público existe una activa rela­ción  esti­mu­lada por el curso de los hechos y su cober­tura informativa.

La audien­cia no es un ente pasivo: piensa, siente, reac­ciona. Saber de sus emo­cio­nes, su sen­si­bi­li­dad, su expe­rien­cia, nos ayuda a deci­dir  cómo pode­mos mos­trar los hechos: nos nutre en el acto de pro­ce­sar el mensaje. La dife­ren­cia entre la prensa ama­ri­llista y la prensa seria radica en la inten­ción. Mien­tras que la pri­mera explota el drama y las emo­cio­nes para ven­der, la segunda tiene un fondo humano y polí­tico: des­per­tar con­cien­cias. No hay defi­ni­cio­nes pre­ci­sas. Pero mucho depende de nues­tro pro­pio sen­tido para darle sen­tido al hecho. Y en tal bús­queda, ética y sen­si­bi­li­dad son fun­da­men­ta­les para decidir.

Perio­dismo y literatura

La dis­cu­sión sobre los nexos entre lite­ra­tura y perio­dismo con­ti­núa latente. ¿De dónde viene el problema? De que la lite­ra­tura, en su con­cepto ori­gi­nal, pro­viene del influjo del roman­ti­cismo euro­peo cuya vena natu­ral ger­mina de la ins­pi­ra­ción pura, como la poesía. En con­tra­po­si­ción, el perio­dismo no es resul­tado de ins­pi­ra­ción divina sino de la vívida realidad. Así, mien­tras que la crea­ción lite­ra­ria es un pro­ducto de los dio­ses, las letras perio­dís­ti­cas nacen de los hechos reales. Y esa corriente persiste. En el siglo XIX se valo­raba más la novela que el repor­taje por­que a éste se le cla­si­fi­caba sólo como crí­tica docu­men­tada. De esa suerte no es gra­tuito que de Char­les Dickens se hayan mar­gi­nado sus cró­ni­cas y exal­tado sus crea­cio­nes lite­ra­rias. Y es que el repor­taje no era bien visto puesto que era con­si­de­rado como un arma de disputa polí­tica, y como no siem­pre se podía luchar abier­ta­mente, enton­ces se silen­ciaba. Tales razo­nes sepa­ra­ron al perio­dismo de la literatura. Hoy se ago­tan las fuen­tes de ins­pi­ra­ción. La novela como modo de expre­sión se está debi­li­tando. Es muy difí­cil hallar alguna obra real­mente fas­ci­nante, que aporte algo a nues­tro cono­ci­miento. Frente a ello, se abre la veta del Nuevo Perio­dismo emer­gido en Esta­dos Uni­dos, que busca escri­bir sobre hechos reales con téc­ni­cas literarias. De acuerdo con la orto­do­xia perio­dís­tica, ante­rior­mente no todo se per­mi­tía expre­sar, como recons­truir esce­nas, res­ca­tar sabo­res, des­cri­bir sen­ti­mien­tos, pre­sen­tar monó­lo­gos inte­rio­res… por­que se con­si­de­ra­ban como recur­sos téc­ni­cos exclu­si­vos de la fic­ción. Al res­pecto con­viene apun­tar que dichas posi­bi­li­da­des son plau­si­bles en el queha­cer infor­ma­tivo, aun­que sobre­sa­len dos enemi­gos: a) los escri­to­res de fic­ción: no admi­ten repor­te­ros en sus terre­nos por­que, según ellos, reba­jan el nivel del tra­bajo lite­ra­rio. Es decir: menos­pre­cian el repor­taje como género fami­lia­ri­zado con la literatura. Y b) los perio­dis­tas tra­di­cio­na­les: algu­nos no com­par­ten la idea de escri­bir algo más allá de la noti­cia típica o el comen­ta­rio acos­tum­brado. Cir­cuns­cri­ben las poten­cia­li­da­des perio­dís­ti­cas a la coyun­tura infor­ma­tiva como fuente de ganancia. En dicho con­texto no se nos acepta como escri­to­res de prensa. Ante la dis­cu­sión lite­ra­tura ver­sus  perio­dismo, vale reco­no­cer que cier­ta­mente no todo texto perio­dís­tico es buena escri­tura o ate­sora estilo lite­ra­rio; pero tam­bién con­viene pun­tua­li­zar que la mayo­ría de las nove­las actua­les no es  buena lite­ra­tura sino mero entretenimiento.

Ver y entender

La gente fre­cuen­te­mente con­funde ver con enten­der. Tal con­fu­sión es apro­ve­chada por la tele­vi­sión para mani­pu­lar a la gente.  Si en la dic­ta­dura fun­ciona la cen­sura, en la demo­cra­cia se activa la mani­pu­la­ción.  Cuando los medios hablan de sí mis­mos reem­pla­zan el pro­blema de la sus­tan­cia por el de la forma: sus­ti­tu­yen la filo­so­fía  por la téc­nica. Se le dedica dema­siada aten­ción a los asun­tos téc­ni­cos: a las leyes del mer­cado, a la com­pe­ten­cia, a las inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas, a las audien­cias… y muy poca a los aspec­tos humanos. En defi­ni­tiva, el pro­blema del men­saje es sus­ti­tuido por el pro­blema del men­sa­jero. Lamen­ta­ble­mente, como se que­jaba McLuhan, el men­sa­jero se con­vierte en con­te­nido del mensaje. En la actual era de la infor­ma­ción, pode­mos acu­mu­lar una enorme can­ti­dad de datos, pero ello no sus­ti­tuye al pen­sa­miento, a la refle­xión o al enten­di­miento. Más bien al con­tra­rio: tene­mos tal abun­dan­cia de infor­ma­cio­nes que nues­tra ima­gi­na­ción no sabe cómo pro­ce­sar­las para mejo­rar la vida práctica.

Perio­dismo y comprensión

El perio­dismo es parte de la cul­tura: con­densa las carac­te­rís­ti­cas y vive y padece todas las trans­for­ma­cio­nes de su entorno. El ver­da­dero perio­dismo es el que se genera a par­tir del con­tacto vivo con el pue­blo. La dimen­sión huma­nís­tica del perio­dismo radica en tra­tar de hacer el mundo más com­pren­si­ble, por­que si nos com­pren­de­mos somos menos enemi­gos. Si nos cono­ce­mos esta­mos cerca el uno del otro.

Bre­ves ideas al vuelo

  • Todo lo que hace­mos es eva­luado por otros. Y lo que crea­mos va a influir en nues­tro trabajo.
  • Nues­tro ofi­cio está lleno de mis­te­rios que no siem­pre tie­nen respuestas.
  • El perio­dismo no puede hacerse con la com­pa­ñía familiar.
  • Siem­pre esta­mos ini­ciando algo. Siem­pre esta­mos por pen­sar y planear.
  • El mejor camino para cono­cer la infor­ma­ción pasa por la amistad.
  • Perio­dismo: pro­fe­sión que no acu­mula bie­nes sino experiencias.
  • Una escri­tura seria y ambi­ciosa es una con­ti­nua incon­for­mi­dad con la vida.
  • Nues­tra acti­vi­dad está cam­biando y nece­sita refle­xión y dis­cu­sión cons­tan­tes. Vivi­mos una etapa de pro­fun­das dudas y transformaciones.
  • En el perio­dismo siem­pre hay apren­di­zaje y nunca hay maestros.

 

Gabriel Gar­cía Már­quez en pocas palabras

Durante los cua­tro días del taller, como atento anfi­trión, Gabriel Gar­cía Már­quez no sólo acom­pañó ante la mesa y por ratos a Rys­zard Kapus­cinski, sino que tam­bién hizo uso de la pala­bra: com­par­tió ricas expe­rien­cias y suge­ren­tes ideas en torno a la crea­ción perio­dís­tica. A con­ti­nua­ción se res­ca­tan, en peque­ñas dosis, algu­nas de tales  expre­sio­nes que dibu­jan de cuerpo entero al autor de Noti­cia de un secues­tro:

  • Para hacer un repor­taje lite­ra­rio es menes­ter apro­ve­char todos los recur­sos de la literatura.
  • Un perio­dista debe comen­zar a escri­bir un texto como si ya lo hubiese leído: saber cuál es el final y el prin­ci­pio. Tener ele­gi­das hasta las últi­mas palabras.
  • La voca­ción perio­dís­tica o lite­ra­ria es supe­rior a la formación.
  • La gra­ba­dora afectó mucho nues­tra memoria.
  • Se trans­mite la reali­dad mediante imá­ge­nes cons­trui­das desde la escri­tura y eso es un recurso literario.
  • Hay que cui­darse de la ver­dad  cuando no parece.
  • Para apren­der a escri­bir resulta nece­sa­rio des­ar­mar los tex­tos a fin de ver su tejido interno o su estructura.
  • En el repor­taje no fun­ciona el engaño de la novela poli­ciaca. Por eso en Cró­nica de una muerte anun­ciada no impor­taba si se ase­si­naba al per­so­naje, sino el cómo ocu­rría el hecho. Y eso es un pro­blema de estructura.
  • El dia­rio del año de la peste es el gran repor­taje de la historia.
  • La huma­ni­za­ción de la his­to­ria siem­pre es mejor: con­tar la his­to­ria a tra­vés de un personaje.
  • Un suceso narrado y recor­dado puede tener dife­ren­tes dimen­sio­nes. Cada uno se acuerda de lo que le interesó.
  • La memo­ria: mate­ria del informar.
  • Si alguien trae una ima­gen incu­bada que se com­bina con alguna emo­ción, un día va a emer­ger y la escri­birá… y qui­zás des­cu­brirá que sólo nació para escri­bir eso: que es ése el sen­tido de su vida como reportero.
  • Lo que no recuer­das no vale la pena escri­birlo o no era impor­tante para ti.
  • Si usted es capaz de vivir sin escri­bir, no escriba.
  • No hay mejor ofi­cio que el escribir.
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