Recientemente, fui convocado a participar en la Consulta Nacional sobre la Calidad Educativa que se desarrolla en todo el país. Para mi sorpresa, al llegar al sitio donde se desarrolló el evento, un largo mesón de registro de participantes que  distribuía a los comunicadores sociales, alternativos y comunitarios en mesas de discusión, llamó poderosamente mi atención luego que fui emplazado por una melodiosa voz femenina que tras conocer mi nombre, solicitó mi número de Colegio Nacional de Periodistas. Ya han pasado varios días de ese evento y todavía no sé a qué se refería la dama que me solicitó esa suerte de matricula ¿Acaso es comunicador quien está colegiado ante algo que no funciona?

En las vísperas de la celebración del Día Nacional del Periodista me topé esta madrugada en una reconocida red social, con una especie de nota de prensa, en un perfil de una vieja y estimada amiga. “El representante nacional del CNP (Tinedo Guía) destacó que la comunicación social es una carrera que se estudia en la universidad y que requiere de una preparación minuciosa en virtud de la responsabilidad que se cumple”, señala textualmente el escrito.

Tal aseveración es producto de que este señor, como buen actor político, califica como una “tergiversación y manipulación” de la profesión de comunicador social el premio Aníbal Nazoa, otorgado recientemente por el movimiento Periodismo Necesario al ministro de Interior y Justicia Miguel Rodríguez Torres.

Este señor además alude que “hay una diferencia muy grande entre reportar desde la objetividad y dar a conocer el punto de vista de un gobierno. La objetividad y la imparcialidad son características del periodismo ético, que es el que propugnamos en el CNP”. No salgo de mi asombro como con esta trillada frase academicista, esta lumbrera del periodismo moderno, se lanza una reflexión tan lacónica y desfasada de estos tiempos.

Quisiera que me aclarara este señor cómo él puede contar con la objetividad con esa seguridad de que se tiene o no se tiene. Esto debido, a que mi experiencia pateando calles, dando clases y tratando de aprender, día a día, lo que la academia no me enseñó sobre el periodismo, puedo afirmar que si bien es cierto la objetividad es una quimera que se busca, como un medio, no como un fin,  nadie, absolutamente nadie,  puede decir que tiene amarrado a su barco e intacto, el pez de la objetividad.

Desde las propias aulas de clases muchos Dioses del periodismo aún quieren seguir formando a los chamos y chamas con desvariaciones imaginativas que son imposibles de alcanzar y que históricamente le han hecho mucho daño al oficio al imponer conceptos maleables a los antojos de dueños de medios o empresarios de la Comunicación que han egresado de reconocidas universidades, no necesariamente de las escuelas de periodismo.

¿Será que el señor Guía es el representante (si es que se le puede llamar así) de una suerte de robots que realizan la Comunicación Social?

 Llevo ya muchos años dictando una cátedra de periodismo informativo en una de esas reconocidas universidades del país. Como factor primordial, lamentablemente, casi que al final de sus estudios de pregrado, acerco a los chicos y chicas de la mención de impresos a uno de mis autores favoritos que debería ser de consulta obligada desde el inicio de la carrera, no es otro que Ryszard Kapuscinski.

Por ello, estimado le traigo a colación esta cita del maestro: “No creo en el periodismo que se llama a sí mismo impasible, tampoco en la objetividad, en su sentido formal. El periodista no puede ser un testigo impasible, debe tener eso que en sicología se llama empatía. Algunos no se sienten vinculados o comprometidos, o les parece que la del periodismo es una vida muy peligrosa. Por eso el llamado periodismo objetivo, desapasionado, no puede existir en situaciones de conflicto. Lo que quiero decir es que por tratar de ser objetivo, en realidad se desinforma”. (Restrepo, 2007)

Vaya usted prodigiosa figura del periodismo si puede expresar una idea coherente en respuesta a lo anteriormente citado. Lo digo porque usted acusa al Movimiento Periodismo Necesario de ser una organización vinculada al Gobierno ¿Está usted siendo veraz con tal aseveración señor presidente del inerte CNP? O por el contrario, en base a su subjetividad que lo convierte en un actor político, ¿es usted quién, a pesar de salir de una aula universitaria, pisotea los principios de nuestra profesión?

No sea cínico compañero Guía y venga a mostrarse como la gris mitad y el ejemplo vivo de la inexistente objetividad en los seres humanos, o lo que es peor, como el gran dueño de la verdad. Hablemos mejor de responsabilidad y valores, palabras que le son ajenas a usted como persona y que colocan, hoy más que nunca, en vigencia aquel célebre texto de Kapuscinski titulado, “LOS CÍNICOS NO SIRVEN PARA ESTE OFICIO”.

Viene usted aludir que sólo los “periodistas profesionales”, como lo establece la Ley del Ejercicio del Periodismo, son los únicos que pueden ser reconocidos por su labor. Lástima que usted jactándose de ser “periodista” no investigó antes de esgrimir esos argumentos tan fantoches. Si tan sólo hubiese investigado sobre las bases del Premio Aníbal Nazoa, se hubiese dado cuenta que siempre ha sido abierto a reconocer al “acto comunicativo” no sólo de los profesionales, sino también de las comunicadoras y comunicadores alternativos, comunitarios e incluso de estudiantes de la Comunicación Social.

Viene usted más allá de querer ser dueño  absoluto de la verdad a también ser el todopoderoso de los galardones. Sencillamente, no se lo permito pues pese a que si tengo un número de Colegio que ni recuerdo, jamás me he sentido representado ni apoyado por este partido político que usted dirige circunstancialmente.

Al compañero ministro Rodríguez Torres se le reconoce el digno esfuerzo que realiza, desde el punto de vista comunicacional (él junto a su equipo periodístico del ministerio), ante la implacable campaña mediática nacional e internacional contra el Gobierno y el Pueblo venezolano durante varios meses, cuya acción arreció desde el pasado 12-F. Hecho que reviste, especial atención, ya que siendo usted un “periodista profesional” y además el representante nacional del CNP, como alude la nota de prensa, desconoce descaradamente el artículo 7 del Código de Ética del Periodista Venezolano que reza “El periodista está en la obligación de defender la nacionalidad y  debe ser instrumento para el desarrollo independiente del país, la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación y estar al servicio de la liberación de los pueblos y del hombre”. Sin embargo, usted cita sólo lo que le conviene.

Le escribo en mi carácter individual aunque soy integrante de Periodismo Necesario, movimiento lleno de excelente profesionales de la Comunicación y de admirables comunicadores y comunicadoras alternativas y comunitarias; le escribo en nombre de quienes hemos tenido la dicha de ser reconocidos por este importante galardón, le escribo por el respeto que se merece el legado de Aníbal Nazoa, le escribo por todos los que día a día nos esforzamos para que este digno oficio mejore al estar comprometidos sí, pero con el Pueblo y sus causas. En fin, le escribo por el pueblo mismo que no merece el descaro que usted propugna.

Como diría el gran caballero del periodismo Enrique Meneses, le escribo en todo caso para que aprenda que “el periodismo no se enseña en las facultades sino que es la vida misma”, y a usted como que le ha hecho falta vivir muchísimo más.


Referencias Consultadas:

Restrepo, Javier Dario. (2007). “Periodismo y Ética”. Revista Javeriana, 732, marzo: 54-60

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