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Foto tomada de la cuenta Twitter @planwac de William Castillo

Esta semana recién finalizaba el mes del periodista en Venezuela, tiempo propicio no sólo para recibir reconocimientos bien merecidos, sino para reflexionar acerca del papel que debemos desempeñar las y los periodistas y las y los comunicadores para el desarrollo del país, para debatir y mejorar el oficio y para comprometernos realmente a actuar bajos los principios deontológicos que exige la práctica periodística-comunicativa. No han faltado quienes, a propósito de esta importante fecha, desde una especie de partido político que integra la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), cuyo nombre lamentablemente es Colegio Nacional de Periodistas, hoy mancillado en su esencia y manejado por los más recalcitrantes intereses de la ultra derecha venezolana, hayan abogado cínicamente por “enarbolar las banderas de la libertad” y conminar a los profesionales de la Comunicación a “(…) no decaer ante la fatiga que supone hacer frente a la censura gubernamental, la indignidad de la autocensura y el flagelo de la polarización política”.

Tal Cual así como, en base a esa libertad moldeada a sus intereses, un diario matutino de circulación nacional, abría el mes de julio con esta perlita “FAN jala y se guinda“. Precisamente, desde uno de los medios impresos privados con que cuenta el CNP para agredir sistemáticamente al Pueblo venezolano, al propio Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y a todos los funcionarios “chavistas” que se le antojen, sin dejar a un lado a todas y cada una de las instituciones del Estado.

Dos cosas traigo para el análisis necesario ¿Por qué el señor Teodoro Petkoff le suprime la condición Bolivariana a los componentes castrenses? ¿Será por la misma razón que él no se siente venezolano y por eso se vende a los intereses foráneos? La otra y más preocupante, ¿Cómo es eso que en el país, hoy como nunca antes el ejercicio periodístico atraviesa momentos difíciles, pero se tiene toda la libertad para insultar a la institución que en forma permanente garantiza la defensa militar del Estado y no pasa nada?

Las respuesta pueden ser diversas, pero en todo caso, se evidencia una doble moral en el discurso de aquellos que hoy a través de una nefasta campaña, nacional e internacional, que inició contra el Gobierno del presidente Chávez y se mantiene durante la gestión de Jefe de Estado, Nicolás Maduro, acusan de no tener plenas libertades para el ejercicio periodístico y terminan extralimitándose a tal punto de enlodar la labor periodística.

Hasta cuándo habrá que permitir tal libertinaje que se consolida en base a unos “principios insoslayables” que debería regir el CNP. Cuándo será la hora que veremos someter a medidas disciplinarias a quienes ejercen el periodismo a través de la ofensa, el amarillismo, la  manipulación y el terrorismo que promueven las corporaciones mediáticas. Hasta cuándo la Ley del Ejercicio del Periodismo y el Código de Ética del Periodista serán letra muerta.

Se hace necesario que el pueblo íntegro, niños, niñas, adolescentes, adultos, adultos mayores, educadores, docentes, periodistas, comunicadores, sociólogos, psicológicos, obreros, amas de casa, todas y todos juntos avancemos con una actitud crítica, en base a lo estipulado en el articulado legal en la materia, para promover, apoyar y consolidar nuevos instrumentos que permitan generar una comunicación más sana, respetuosa y ética.

Si bien es cierto, lo hecho hasta ahora no pierde méritos, el debate no sólo puede centrarse en agrupar a comunicólogos y reconocidos profesionales uno, dos o tres días en un teatro para cuando baje el telón se nos olvide hasta que arrecie una nueva arremetida contra el país por parte de las grandes empresas de la comunicación . Tenemos entonces, la responsabilidad de no quedarnos sólo en responder a sus ataques, debatamos permanentemente, en plazas, bulevares, espacios recuperados, aulas de clases y en el hogar; cuál es el papel que debemos desempeñar quienes estamos inmersos en el campo de la comunicación de masas. “Hay que ir más allá”, como lo aconsejaba el maestro polaco Ryszard Kapuscinski. Diseñemos entre todos y todas nuevas estrategias comunicacionales para combatir la mentira y la asquerosidad informativa que divulgan los medios privados, no desde el contraataque como nos hemos acostumbrados, sino desde una certera ofensiva repleta de valores y de buenos contenidos.

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