Prensa española sigue mintiendo descaradamente sobre Venezuela.
Prensa española sigue mintiendo descaradamente sobre Venezuela

A estas alturas, pareciera innecesario aclarar que en las noticias no cabe la opinión de un periodista, mucho más a un medio que se jacta de tener calidad. Esta premisa ética del proceso informativo ha sido reiterada infinitamente por académicos en aulas, normado en leyes y contenido en millares de referencias bibliográficas, que –en teoría– quienes tenemos la responsabilidad de informar debimos haber aprendido y puesto en práctica a diario.

Sin embargo, todo lo que las corporaciones mediáticas acostumbran a posicionar como un hecho noticioso viene cargado de un alto contenido subjetivo que está implícitamente vinculado a los designios e intereses del poder imperial.

Se ha vuelto una costumbre que diarios españoles enfilen toda su artillería contra Venezuela, ese mismo país, sin alta capacidad bélica (sólo el 1,2% de su PIB se invierte en defensa) pero con un inmenso sentir soberano, que ha sido declarado por Estados Unidos como una “amenaza inusual a su seguridad”, pese a que esa nación, que dice ser dirigida por Barack Obama, gastó 581 mil millones de dólares en compra de armas durante el último año.

Las sanciones aprobadas por Obama solo hacen tácita la guerra que enfrenta la República Bolivariana de Venezuela, desde que se levantaron los aires de Revolución Bolivariana. Para muchos, eran sólo cuentos de caminos que echaba el Gobierno nacional para excusar los problemas que aquejan al país, para otros, la necesidad imperante de enfrentar, tal como lo legó nuestro Libertador Simón Bolívar, al poderío imperial que quiere dominar el mundo.

El diario español ABC se atreve, como muchas otras tantas veces, con base en su libertad convertida en libertinaje, y al don todopoderoso que le otorga el quehacer antiperiodístico, a aseverar que la arremetida de Obama, contra un país libre y soberano, es “sólo un pronunciamiento en contra de los abusos y arbitrariedades en el país (Venezuela)”.

Señores y señoras del ABC, aquí los únicos abusadores y arbitrarios son ustedes con su insolente agenda en contra del país de Bolívar y Chávez. Así les duela, el presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, es Nicolás Maduro, electo democráticamente a través de uno de los sistemas electorales más sólidos y confiables del mundo, como ha reconocido en diversas oportunidades el Centro Carter.

Aquí nuestro ABC no es como ustedes lo pintan. Los únicos que colocan en tela de juicio el carácter democrático de lo que ustedes irrespetuosamente insisten en llamar “régimen poschavista”, son las transnacionales de la información, de la cual ustedes forman parte.

En Venezuela, una gran mayoría sigue siendo chavista y quien conduce las riendas del país, es un hijo de ese Gigante que para bien sí marcó un hito en la historia política de Venezuela.

El pueblo venezolano, valiente, independiente y sabio, es el único que puede juzgar el accionar de nuestro gobierno. Estamos acostumbrados a que nuestras diferencias políticas se resuelvan en el plano electoral, no que ningún elemento externo venga a decirnos cómo debemos ser o cómo debemos comportarnos.

Cómo es posible que un medio de comunicación, que oculta los problemas reales que aquejan a su país, venga a calificar que lo que vive nuestra Patria es una dictadura.

Lo que ustedes hacen es sólo continuar con ese jueguito maltrecho de moldear el concepto de democracia según sus intereses. Yo les reto, que en base a los mismos postulados de la democracia, basado en el derecho a réplica, que puede exigir cualquier lector, publiquen esta verdad.

Sé que son líneas perdidas, pues se jactan de ser democráticos y suelen ser más totalitarios que cualquier adjetivo que utilicen en contra de los gobiernos de izquierda que levantan las banderas del socialismo en el mundo como única vía para garantizar la existencia de la raza humana.

Es ilógico como ustedes se hacen eco de las libertades de prensa, critican abiertamente las supuestas restricciones al derecho a informar y estar informados en Venezuela, pero descaradamente se hacen la vista gorda de temas como que en España unos 728.300 hogares no tuvieron en 2014 ningún tipo de ingreso familiar.

Suelen afirmar que Venezuela es un infierno, dominado por una brutal dictadura, pero desconocen en sus publicaciones que según cifras de emigración española (en 2014 había más de dos millones de españoles fuera de ese país).

Suelen hacer unas supuestas investigaciones sobre la presunta precariedad en la calidad de vida de los venezolanos, pero nunca un trabajo periodístico sobre los trece millones de españoles, en riesgo de pobreza y exclusión social. Tampoco del 27% de la población española que es pobre, según un estudio presentado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN).

Insisten en enfilar sus garras contra Venezuela, pero ni un espacio para la privación material severa que ha aumentado un 38% en su país, lo que se traduce en más personas con dificultades para alimentarse adecuadamente, más hogares donde se retrasa el pago de gastos relacionados con la vivienda principal, más personas que no pueden mantener su vivienda a la temperatura adecuada o que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos.

Allá, durante los años de la crisis, la población con privación material severa ha crecido en más de 800 mil personas, llegando a casi tres millones, casi el mismo número de personas en situación de pobreza severa (6,1% de la población).

Prefieren afirmar que mi país tiene un “demoledor diagnóstico” aunque el de ustedes sea peor. Su estrategia no es otra que intentar socavar las sólidas bases que ha sentado la Revolución Bolivariana, no sólo a lo interno sino a lo externo. La doble moral priva sobre el verdadero quehacer periodístico. Tratan de vender una opinión –bastante descaballeda y nada más alejada de la realidad–, con nombre de información y aún así tienen el cinismo de hablar de democracia y derechos humanos.

Los verdaderos violadores de estos derechos universales son ustedes mismos. Por ello, se hace imperante, que los periodistas venezolanos y aquellos de otras latitudes que crean en un periodismo honesto, basado en valores, humano y con una profunda capacidad ética, nos dedicamos a difundir al mundo, la verdad sobre lo que pasa en esta Patria.

La verdad sea dicha sobre Venezuela, ante cualquier agresión, ante cualquier amenaza. Es un deber defender al país ante cualquier pretensión imperial que intente sumirnos en su dominio.

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