periodismo_nor-672xXx80Sin dudas, el oficio periodístico engloba un sinfín de interrogantes para las generaciones futuras que inundan hoy las aulas de clases en la Academia, pero, también para quienes ya hemos egresado de ellas y nos dedicamos día a día a ejercer esta importante profesión.

Este texto no pretende ser una Biblia para determinar mandamientos a seguir con el propósito de ganarse el cielo a través de la actividad informativa, pero sí, generar conciencia, en los interesados, para darle un vuelco necesario a la actividad informativa en estos tiempos donde perece estar algo golpeada.

El maestro Ryszard Kapuscinski título en una de sus grandes obras que “Los Cínicos No Sirven Para Este Oficio” (Anagrama, Barcelona 2002), mientras que otro de los grandes maestros de este oficio, Gabriel García Márquez, sentó las bases de eso que llamó el “cuento bien contado”. Ambos han partido físicamente, pero su legado debe reencontrarnos con la esencia de nuestro oficio, esa misma substancia, que entre tantos rayos y pautas, muchas veces perdemos la dirección.

Ambos, quienes lamentablemente no nos acompañan hoy físicamente, tenían razón. Es que el periodismo implica que podamos “saber contar el cuento bien contado”, así como dejar el cinismo a un lado y dedicarnos con la mayor honestidad a ser los canales entre la información y el pueblo ávido por toparse con ella.

Para ello, debemos cultivar todo lo que el periodismo tiene de disciplina, lectura, respeto al idioma, olfato para lo insólito, búsqueda de lo humano, así como una averiguación meticulosa de datos y sobre todo el mayor respeto por lo que es verdadero y justo.

Otros puntos a considerar es la capacidad que debemos desarrollar para elegir bien a la fuente, conocer con exactitud los distintos géneros periodísticos, tanto informativos como de opinión, escoger bien las citas y no despreciar las descripciones del momento y lugar de la historia.

Pero más allá de las grandes experiencias en el campo e infinidad de lecturas sobre el tema, “nuestra profesión necesita de nuevas fuerzas, nuevos puntos de vistas, nuevas imaginaciones, porque en los últimos tiempos ha cambiado de una forma espectacular. (KAPUSCISNKI, R., “Los Cínicos No Sirven Para Este Oficio”. Barcelona. Pág. 31)

Es imperante que los jóvenes que hoy se forman para ser futuros periodistas sean necesariamente generosos, solidarios y se enamoren de este oficio que si bien tiene en su interior tantas horas de plantón, de comidas fuera de la hora, sed y cansancio, es como lo afirmó el Gabo “el mejor oficio del mundo”.

Pero hay que teorizar nuestro compromiso, nuestro alcance, nuestra función en la sociedad. Entenderla y acariciarla para poder comprenderla, asimilarla y asumirla.

El buen periodismo podría tener como principal característica que se escribe bien y se expresa bien, pero, también que tiene color y una sensibilidad especial por nuestros lectores, público o audiencia, pues, una de las principales premisas que tenemos que considerar es que el protagonista de un trabajo periodístico nunca es el periodista. Solo somos intermediarios entre lo que ocurre y queremos contar y la gente, los lectores.

No nos olvidemos que es necesario describir más que adjetivar. Contar más que juzgar o señalar. Narrar más que pontificar o valorar. No somos una suerte de Dioses, somos y seremos siempre periodistas en constante aprendizaje.

Así es, no cabe duda que debemos leer más para poder escribir mejor. El hábito de la lectura nos ayudará indiscutiblemente a reforzar nuestra prosa, pero también ser buenas personas nos garantizará un buen desempeño en este exigente oficio.

Nos urge mirar con diferentes ojos el hecho noticioso que nos interesa, girar alrededor de él para tratar de verlo desde diferentes ámbitos y descubrir la más responsable perspectiva desde la cual se pueda contar. Es que sin duda cada información tiene su alma, hay que encontrarla.

En cuanto a los géneros periodísticos es imperante perfeccionar lo que algunos llaman el “timing”, que no es otra cosa que esa habilidad extraordinaria para desarrollar el comienzo, el desenlace y el final del trabajo periodístico. Con ello, creamos una estructura, un orden, jerarquizamos datos y damos sentido. Hacemos fluir la información de forma clara.

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