La doble moral ha llegado a confundir a más de uno
La doble moral ha llegado a confundir a más de uno

Este 27 de junio se celebra en el país otro Día Nacional del Periodista. Esta fecha es propicia, como deberían ser todos los días, para analizar el ejercicio de este vital oficio en el contexto de la sociedad venezolana.

A propósito de esta celebración, este viernes, un reducido grupo de estudiantes, periodistas y algunos profesores universitarios, no perdieron la oportunidad para lanzarse a la calle a montar el acostumbrado y aburrido show que caracteriza esta fecha.

La movilización la encabezó el discurso trillado de la libertad de expresión, como concepto maleable para representar los intereses de grupos minoritarios que intentan gritar a los cuatro vientos la presunta ausencia de este derecho en la República Bolivariana de Venezuela, pese a que lo hacen desde todas las tribunas posibles, esgrimiendo improperios, insultos y falsos hechos. Esta doble moral ha repercutido enormemente en sus propias filas, al punto que más de uno está confundido con lo que representa este derecho fundamental de los seres humanos.

A pesar de que quieren tener derechos desconociendo sus deberes, en la minúscula movilización me llamó la atención una pancarta donde se reconoce “Que sí hay libertad de expresión”, pero me puso a reflexionar sobre las continúas posiciones de los mercenarios de la información que agrupados se han hecho llamar Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Más aún, me han llevado a reflexionar sobre la cantidad de denuncias y actos organizados por la directiva del partido político Colegio Nacional de Periodistas (CNP), donde han querido posicionar la matriz según la cual la “dictadura” del gobierno de Nicolás Maduro, cercena cualquier tipo de libertades, incluso las comunicacionales.

Quise delimitar aún más la muestra y me acordé de algunas “actores” del periodismo que se jactan de esa posición. De aquellos titulares tendenciosos, del gran número de calificativos despectivos y denigrantes sobre las acciones y personalidades del Gobierno nacional, pero más aún, con mucha pena, me acordé de aquellos “colegas” que se terminan convirtiendo en la noticia.

Igual, estuve confundido por la bendita pancarta. No encontré como digerir tal incongruencia discursiva. Entonces no me quedó otra que volver a agarrar los periódicos del día, subirle algo más de volumen al televisor de la oficina, sintonizar algunas emisoras radiales en una de mis herramientas portátiles de trabajo y PLUM!

Pude despertar de ese enajenamiento momentáneo que se apoderó de mí a pesar que siempre he tenido una actitud crítica al particular. Ese mismo letargo al que han querido sumir al pueblo venezolano sobre todo en los últimos 16 años. Dejemos los descaros, si están en las calles, balbuceando que no existen libertades y con una cobertura exagerada de medios de comunicación. Entonces ¿cómo pueden calificar ese acto?

Dejen el cinismo, claro que hay libertades, esas mismas que por el egoísmo, egocentrismo y una cantidad innumerable de antivalores, deforman día a día nuestro maravilloso oficio. Eso, que en el marco de un presunto derecho que aparentemente les otorga el título de “dioses” les permite llevarse a todos por el medio a costa de su interés particular; eso que se llama en vez de libertad, libertinaje.

La reflexión es oportuna para invitar a todos los estudiantes, periodistas, comunicadores en todas sus expresiones, y, por qué no a los profesores que tienen la inmensa responsabilidad de formar a las generaciones venideras, a que asumamos con mayor seriedad este oficio. Ya basta de malos chantajes que perjudican al pueblo al que nos debemos, a nosotros mismos y a la profesión en sí.

Salgamos a las calles pero a debatir la pertinencia del periodismo en estos tiempos. Todos los días reflexionemos sobre nuestro papel para que el país continúe adelante, donde no sólo lo que es noticia tiene que ser negativo. Seamos responsables de nuestras acciones, no nos convirtamos en la noticia, sino seamos los sentidos de todos y cada uno de aquellos y aquellas que integran la sociedad venezolana.

¡Qué bueno que en la República Bolivariana de Venezuela exista SUFICIENTE LIBERTAD DE EXPRESIÓN!

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