Foto: Cortesía La Nación
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Ante la actual situación limítrofe entre la República Bolivariana de Venezuela y su hermana República de Colombia que como tema de interés no ha escapado del mal manejo informativo que han impuesto las grandes corporaciones mediáticas como parte de su agenda setting, desde Conciencia Periodística hemos puntualizado una serie de aspectos que consideramos necesarios para quienes tenemos la responsabilidad de informar sobre este acontecimiento.

Lo primero a tomar en cuenta es el contexto en que se produce la decisión del gobierno venezolano y las responsabilidades de cada Estado. Si bien, la posición más insubstancial calificaría esta acción como un conflicto generado por el presidente Nicolás Maduro en contra del pueblo colombiano, tal como lo han hecho ver las cadenas informativas, tan temeraria afirmación carecería de dos atributos cardinales del periodismo: la ética y la acuciosidad.

Por ello, la responsabilidad periodística debe trascender el interés mediático por obtener información poco contextualizada de manera rápida y superficial, aunque esto sea incongruente con la realidad que un profesional de la comunicación puede toparse a diario en la sala de redacción para la que trabaja.

Por un lado, los comunicadores tenemos el deber de dar a conocer ante la opinión pública, las medidas, eventos, posiciones y pormenores de esta situación; y por otro, debemos guardar estricta cautela en la forma cómo comunicamos todo esta situación para no posicionarla como conflicto de mayor escala.

Aquí, entran en juego no sólo los cuidados diplomáticos que ambas naciones deben preservar para mantener las buenas relaciones, sino que más allá de esa comunicación oficial que los gobiernos promueven, pues la labor de visibilizar las causas que llevaron al Gobierno venezolano a exigir un giro en las corresponsabilidades en estos espacios fronterizos, involucra a los medios venezolanos y colombianos, en el desarrollo de otras formas periodísticas más serias, apegadas siempre a la ética y la responsabilidad inherente a este importante oficio.

Es importante aclarar que esta reflexión no incluye a todos los medios de comunicación ya que no pretende desconocer la labor histórica de algunos buenos periodistas y comunicadores, quienes han obtenido y favorecido a través de sus trabajos, importantes consideraciones e investigaciones de lo que ha sido el conflicto interno colombiano y su trascendencia a suelo venezolano.

Estamos llamados entonces a romper con ese proverbio popular que reza que sólo las malas noticias son buenas. Sin bien es cierto, los periodistas no tenemos como labor sostener relaciones de carácter diplomático, vale la pena promover y resaltar el impacto que puede generar la divulgación de los aspectos positivos de esta circunstancia, para que a través de trabajos de calidad (que es lo que caracteriza de buena a una información), pero también buenas noticias, favorezcamos el ambiente de hermandad entre ambas naciones, como lo ideó Simón Bolívar.

El desafío de los medios de comunicación, tanto venezolanos como colombianos, es contribuir a la reconstrucción plural y responsable de las relaciones entre ambas naciones. En tal sentido, es necesario darle un viraje a la información de esta situación limítrofe. Para ello, los periodistas y comunicadores debemos entender, con el mayor de nuestro esfuerzo, la situación y los objetivos de cada uno de los actores; concebir una estrategia editorial para aportar soluciones, así como no dejar de lado el rastreo siempre equilibrado de la verdad.

Para avanzar en este objetivo es necesario que desarticulemos las malas conciencias e incorporemos nuevamente los conceptos en el periodismo de calidad y ética, tan necesarios hoy día cuando el ratting es más importante que la verdad. No podemos permitirnos caer en ninguna forma de agresión mediática. Mucho menos podemos ser participes de la activación de un aparato comunicacional guerrerista, que no sólo incide negativamente en la labor periodística sino cuya práctica está condenada en los pactos y convenios internacionales.

Nuestras autoridades, pero más aún quienes tenemos la apasionante tarea de informar, debemos dejar de tratar a la libertad de expresión como una plastilina, que amoldamos a nuestro interés. Basta ya de ese discurso con doble moral. Este derecho universal no puede seguir siendo sinónimo de libertinaje, mentira, agresión o cualquier otra forma de satanización de otras libertades no menos importantes.

Conocedores que en Colombia muchos han sido los premios periodísticos otorgados a reconocidos colegas por sus trabajos de investigación sobre las víctimas del paramilitarismo, los grupos guerrilleros y la parapolítica promovida en esa nación, no está de más rescatarlos para entender las razones que llevaron al  presidente Nicolás Maduro Moros, a tomar esta medida que busca no sólo proteger al pueblo venezolano sino también al de Colombia.

Es un secreto a voces que la nación neogranadina, que atraviesa actualmente un proceso de “reconciliación interna” para la paz, ha sido asediada por una fuerte ración de violencia que recrudeció desde el pasado gobierno de Álvaro Uribe a partir de su estrecha relación con los Estados Unidos. Pero como dicen popularmente, de la oscuridad, sale la luz; ante ello los reporteros, jefes y dueños de medios debemos cambiar el chip y empezar a desarmar las malas prácticas periodísticas que enlodan este oficio.

Enfrente de nosotros, aunque desconozcamos esta realidad, están ocurriendo hechos de vital importancia, que dibujan y propician un escenario distinto tanto para Venezuela como para Colombia. El análisis crítico de los medios a partir de esta circunstancia con el cierre de la frontera colombo-venezolana, ha dejado vestigios de la malsana intencionalidad de algunos medios de comunicación privados en los dos países.

Siendo así, se hace ineludible la puesta en práctica de todos los géneros periodísticos a partir de una narrativa más humana y menos conflictiva sin que eso afecte la búsqueda incansable de la verdad. Ya Mónica González, directora del Centro de Investigación Periodística de Chile (www.ciplerchile.cl), quien además es experta en la cobertura de temas relacionados con la violación de DDHH e investigadora del entramado del crimen organizado, aludió en 2011 precisamente en Colombia: “Los periodistas enfrentamos una crisis inédita, letal y silenciosa. Pero tenemos buenas herramientas. Como nunca antes estamos siendo interpelados para una batalla en que nuestra esencia, talento y convicción están en juego”.

Los periodistas y comunicadores estamos en la obligación de buscar la mayor cantidad de ángulos que nos permita contraponer las historias de los que se hacen llamar víctimas y victimarios, explotar las complejidades para mostrar lo positivo. Asimismo, debemos explicar y contextualizar todo para dimensionar los hechos en su justa medida.

Debemos dejar de victimizar y explotar las historias de quienes no son víctimas realmente de esta soberana decisión. Avancemos en mantener los principios básicos de independencia y equilibrio tan olvidados por estos días. Además es urgente contrarrestar las percepciones equivocadas, identificar intereses nocivos, generar consensos e identificar puntos de convergencia.

Todas estas claves contribuirán a que el pueblo, a quien nos debemos en nuestra labor informativa, reciba con respeto una información ajustada lo más posible a la realidad y seamos el medio para la educación de todos y cada uno de los habitantes de nuestros territorios. Proporcionemos trabajos periodísticos para lo bueno, para la paz, para la hermandad y para erradicar todas las malas prácticas tanto de la vida misma, como de este oficio que narra y describe su esencia.

Para aquellos, medios colombianos empecinados en la mentira les regalo esta reflexión de Gabriel García Márquez: “El periodismo merece no sólo una nueva gramática, sino también una nueva pedagogía y una nueva ética del oficio, y visto como lo que es sin reconocimiento oficial: un género literario de mayor edad, como la poesía, el teatro, y tantos otros. A ver si con un reconocimiento tan justo –entre tanto sofismas de distracción– los periodistas colombianos nos les medimos por fin al reportaje inmenso que se espera de nosotros”[i].

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[i]García Márquez, G. (2001). Sofismas de Distracción. Sala de Prensa. Disponible en http://www.saladeprensa.org/arrt201.htm

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