En la Ucsar me enamoré más del periodismo
En la Ucsar me enamoré más del periodismo. Foto: Gabriela Berroterán

Toda profesión u oficio necesita un proceso de aprendizaje serio, constante e incluso permanente. En la carrera de Comunicación Social o como otros prefieren llamar de periodismo, las bondades que trae consigo la formación de pregrado son infinitas, pero también muchos son los obstáculos que se pueden presentar a la hora de ocupar un pupitre en el aula de clases, encontrarnos pateando la calle o simplemente en alguna sala de redacción para la que laboremos.

Por ello, para todos y cada uno de los que nos encontramos en la etapa de formación académica, no debe ser ajeno analizar el papel que juega la universidad en la formación de las futuras generaciones de periodistas de nuestro país. Esta reflexión está orientada a esa inmensa población estudiantil de las 13 universidades que actualmente imparten conocimientos en el área de la comunicación social en la geografía nacional, pero, muy especialmente a los casi 5 mil estudiantes que engrosan esta carrera en la Universidad Católica Santa Rosa (Ucsar).

Así pues, son muchas las expectativas con las que llegamos ese primer día que pisamos nuestra Alma Mater. Algunos atiborrados de ese sueño inmaduro de considerar al periodismo como un trampolín hacía a la fama; otros con el sueño de emular a algunos personajes que en pleno ejercicio de la profesión, acompañaron nuestras pronunciadas exposiciones a la televisión, a la radio, ahora a las redes sociales, y, en menor medida a la prensa escrita.

Sin embargo, también hay quienes nos enamoramos perdidamente de “la mejor profesión del mundo”, como la calificó el maestro de maestros Gabriel García Márquez. Es aquí cuando se hace oportuno, detenerse a pensar que esa primera pasión debe estar alimentada no sólo con el romanticismo propio de la academia, sino que además debe toparnos con las realidades básicas que nos permitan conocer la complejidad de esta ajetreada profesión.

Esa llama con la que ingresa el estudiante a las universidades prontamente es sofocada por el interés académico de formar periodistas “objetivos”, punto máximo que nos exigen alcanzar con vehemencia, pero, que sencillamente no es otra cosa que un mito que es difícil de afrontar cuando algún atrevido o atrevida rompe el esquema y nos coloca a reflexionar sobre que no somos unas máquinas, sino seres humanos, cuya naturaleza es subjetiva y a partir de ella, visualizamos nuestras realidades de acuerdo a nuestras experiencias y preferencias .

Ahí no queda todo, el choque es aún mayor cuando aprobamos período tras período y el periodismo nos vuelve a chocar. Entendemos entonces que nuestra formación está basada en planes de estudios totalmente desactualizados a las realidades sociales, culturales, políticas, tecnológicas e incluso comunicacionales que vive el mundo.

Pero la crítica sin solución es una total aberración. Es aquí donde el estudiante universitario debe asumir una postura aún más responsable para poder afianzar los conocimientos adquiridos. Con ello, afirmo que se hace imperante entender que los profesores son sólo facilitadores de nuestra educación, más no son la única fuente de consulta y conocimiento.

Por ahí suelen afirmar que el periodismo en EEUU, es una profesión de oficio, es decir, “no es necesario tener un título para ejercerlo”. Sin embargo, esa afirmación puede ser cuestionada por quienes invertimos cinco años de nuestras vidas como parte de nuestra formación en una universidad. No por creer que la democratización de la comunicación es innecesaria, tampoco por considerarnos más o menos que los demás, sino, por entender la responsabilidad que implica informar. Hay quienes se han valido de esa fatal afirmación para excusar las deficiencias y las carencias de nuestro sistema educativo.

En esta etapa se experimenta un fenómeno interesante de analizar dentro de la comunidad estudiantil que como joven siento que debe ser debatido para que no se convierta en hábito. Parece ser una moda, la actitud arrogante de muchos de nosotros los estudiantes, quienes nos creemos merecedores de la verdad absoluta, nos las pasamos cuestionando e injuriando a los profesores y profesoras , en medio de lo que considero es parte de la inmadurez con que asumimos algunos la vida universitaria.  En ese dado caso, de creernos “más de los que somos”, allí están ellos, los profesores o el periodismo mismo, quienes se encargarán de ubicarnos en nuestro tiempo y espacio.

Al tocar el difícil tema de las deficiencias de nuestro sistema educativo, debemos sin ánimos de caer en la justificación, considerar los siguientes factores:

  • Existe una vaga remuneración para cancelar el esfuerzo y la dedicación de los docentes como parte de su labor formativa del futuro del país, lo que se traduce en la escasez de profesionales altamente capacitados para la formación de comunicadores y/o periodistas. Aunque caer en las generalidades es odioso, por eso es pertinente aclarar que esta situación descrita toca a algunos profesores no a todos.
  • Otro aspecto de relevancia tiene que ver con la falta de interés del estudiantado para asumir con seriedad su proceso formativo. Una gran parte, sólo se conforma en el mejor de los casos con lo dicho en el salón, algunos otros ni se preocupan por prestar atención o reforzar conocimientos, pero si a todo gañote tienen la desfachatez de acusar a la profesora de turno de su mediocridad.
  • Por último, no escapa la situación país, en una nación tan polarizada como la nuestra, muchas veces las inclinaciones, parcialidades o tendencias políticas afecten de alguna u otra forma los procesos educativos.

Con lo expuesto, se debe tener conciencia que en un país, donde la economía es tan inestable y la variabilidad de precios aqueja los bolsillos, no es factible para un profesional dedicado a programar clases, corregir evaluaciones, asistir responsablemente al aula y atender al menos a 30 alumnos por salón, devengue en el caso de la Ucsar sólo 104 bolívares por hora académica. Esta realidad ha generado que en los salones consigamos hoy día a  jóvenes recién graduados, cuya experiencia es meritoria pero que le falta experiencia pateando calle. Podrán repetir en muchos casos teorías y quimeras al caletre, pero le falta eso que encontramos en las más importantes bibliografías para aprender esta profesión: las vivencias, mañas y muchas horas de vuelo en el periodismo.

Viendo ahora la paja en nuestro ojo, recalco la importancia de asumir nuestros estudios con mayor entereza, responsabilidad y una buena dosis de ética. Entendamos que cuando cometemos plagios, reprobamos evaluaciones por no seguir instrucciones, no leemos las asignaciones y lo que es peor, creemos que lo visto durante la clase fue suficiente, estamos desaprovechando nuestro tiempo, nuestra inversión monetaria y nuestros sueños.

Evidentemente, existen cosas que escapan de nuestras manos, pero hay otras que no y aunque la frase suene trillada: “el cambio inicia por uno mismo”. Esta joven pichón de periodista asume con la mejor de las intenciones que para ser buenos en esta profesión hay que formarse sin parar todos los días y asumir  éticamente que la responsabilidad de informar no puede caer en las manos de cualquiera sino de quien la ame. El periodismo no es una profesión más, pues como dice Gabo “aunque se sufra como un perro es la mejor”.

Gabriela Berroterán

Consejera Universitaria Comunicación Social Ucsar 2015-2016

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