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El arte no sólo es un proceso estético, es un hecho social y económico, que debe responder a las dinámicas de su tiempo

El Ministerio del Poder Popular Para la Cultura, es el órgano ejecutor de políticas culturales para el desarrollo y formación de la identidad ciudadana. Encargado de resguardar y preservar el patrimonio cultural de la nación en la búsqueda de colectivizar y descolonizar la sabiduría del pueblo venezolano, convirtiendo las acciones culturales en actos transformadores de nuestra sociedad.

Venezuela no es un país neófito o bisoño en el desarrollo y planteamiento de sus políticas culturales. Mestizo desde el asentamiento del invasor, conserva una riqueza de saberes inagotable, vistos desde múltiples ópticas por eruditos, investigadores, cultores y todo aquel que sienta la necesidad de reinterpretar esos lenguajes ancestrales, para consolidar cambios favorables en el proceso de nuestra identidad colectiva.

Durante muchos siglos, nuestro acervo cultural ha estado en pugna, defendido desde una visión eurocéntrica que aborda nuestras manifestaciones y saberes populares para agradar a los grandes centros de poder mundial, y otra que lucha constantemente por motivar un despertar común para todos.

No podemos asumir que las líneas realizadas por Min. Cultura y otras instituciones fueron equivocadas o ineficientes, sería irresponsable hacerlo sin la debida supervisión y el uso de una controlaría social, pero, los resultados electorales al poder parlamentario nos hablan de una crisis moral y cultural de algunos sectores de nuestra sociedad. No hemos logrado la consolidación de un pueblo capaz de entender la grandeza de su legado y propulsar el debate para la construcción de un real golpe de timón.

Nos encontramos en una realidad que nos llama a escucharnos y reconciliarnos, siendo las comunas el espacio necesario para acercarnos a esa tan esperada consolidación del hombre nuevo. Se necesita un trabajo de profundización ideológica, que permita contrarrestar la falsa conciencia instaurada por la industria cultural burguesa y el mal ejemplo de algunos líderes políticos que se han dejado manipular por el mal ejercicio del poder.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el aparato cultural norteamericano se apoderó masivamente del planeta, fomentando su conocido “Star System”, donde las nacientes estrellas cinematográficas se convertían en el ideal de vida para todos los seres humanos del globo. La clase media y sus estilos de comportamiento, mostraban a través de los colosales medios masivos de comunicación su fórmula para llegar a la felicidad, fomentando la auto negación de nuestra identidad como pueblo libre y soberano.

El sueño norteamericano sigue mostrando sus grandezas, sus rascacielos, sus autos último modelo, sus hermosas mujeres ensambladas en toneladas de maquillajes y sus hombres de negocio trajeados y con cabellos engominados, hecho que nos persuade que debemos ser como ellos. Todo combinado con una sanguinaria práctica de poder bélico, que cercena la esperanza de nuestra autodeterminación.

De esta forma, convulsionó nuestra sociedad, entregada a la magia del cine y la televisión, alejándonos poco a poco de nuestro pasado mestizo, hecho de la resistencia insurgente de nuestros pueblos originarios, de la lucha constante del cimarrón y su cumbe nocturno y el hombre blanco, que con su evangelio de terror se unió creando lo que hoy somos.

El cine político y social venezolano, intentó mostrar en la pantalla la realidad de las clases populares y la lucha política de la insurgencia nacional en el siglo XX. Era necesario observarnos desde la gran pantalla, ensayo que acaparó la producción nacional durante dos décadas, pero no estábamos listos para aceptarnos, no queríamos reconocer nuestras miserables vidas, la ficción cinematográfica aún nos hace escapar de nuestras realidades, idiotizándonos para impedir que accionemos para mejorarla.

El teatro venezolano ha intentado impugnar la repulsa forma de vernos. La dificultad de competir contra las salas de cine o las teleaudiencias que esperan el horario estelar para deleitarse con el dramático de moda, unificando a la familia en torno a la caja boba. Esto no fue motivo para impedir la lucha en las tablas.

Pero el nacimiento de un teatro más económico en su puesta en escena y de mensajes más livianos comenzó a debilitar al público venezolano. Mimí Lazo y sus secuaces, iniciaron una cruzada en contra del teatro hecho para pensar y nos llevaron a catarsis acartonadas y superficiales ¡Bingo! se llenaron las salas con obras como: El aplauso va por dentro, No eres tú, soy yo, Orgasmos y los stan comedy, convirtiéndose en los consentidos de la población venezolana. ¿Qué pensaría Bertolt Brecht? ¿Qué expresaría Cabrujas? ¿Qué volvería a escribir Ibsen?

Las capacidades educativas y pedagógicas del cine y la televisión son invisibles ante los magnates del mercado publicitario y los mercenarios de antivalores. Muchos se sientes orgullosos de haber sido los grandes realizadores de dramáticos televisivos, los cuales deformaron durante décadas a un pueblo necesitado de ese necesario impulso liberador, que sin duda se puede fomentar desde los medios masivos de comunicación.

Evidentemente, se debe asumir con responsabilidad que algunas políticas provenientes del Estado han intentado modificar el antiguo sistema de las políticas culturales. El Núcleo Endógeno Nuevo Circo visibilizó a muchos exponentes de las artes circenses, dando a entender que no sólo ese tipo de actividad son realizadas por consumidores de crack o vagos expuestos en los semáforos de la ciudad capital.

Otro ejemplo es Tiuna El Fuerte, que a través de su multiplicidad de actividades, cohesionó a muchos jóvenes que intentaban hacer uso de formas alternas a las bellas artes, para decir lo que pensaban, y así como ellos, muchos más, que aún intentan hacer uso de la cultura como elemento conciliador y creador de un pueblo.

Las instituciones museísticas, originadas para generar conocimientos a través de sus colecciones, exportándolas en actividades educativas e investigativas, no han logrado implantar políticas efectivas para llegar a las comunidades. Ejemplo de ello, es la gran cantidad de jóvenes que hacen vida en las inmediaciones de la Plaza de los Museos, los cuales desconocen la grandiosidad de las salas que a pocos metros, preservan objetos de colosal valor cultural.

El artista debe colocarse nuevamente en la pirámide de los medios de producción, el arte no sólo es un proceso estético, es un hecho social y económico, que debe responder a las dinámicas de su tiempo. No puede seguir siendo visto como un acto de rebeldía y excentricidad, sino como una respuesta concreta a nuestras necesidades morales.

Aplaudimos el 1er Foro Mundial de Economía Cultural, llevado a cabo por Min. Cultura, donde se habló de este importante aspecto desde visiones de producción económica, convocando a múltiples exponentes a unificar criterios y acciones en la generación de ingresos económicos a través del arte y la cultura.

Todo debe comenzar por la formación de una sociedad preocupada por sí misma. Que sea capaz de obviar las malévolas políticas emitidas por la falsa conciencia del capital y entender que el enriquecimiento de un ser humano, no depende del número de objetos materiales, sino de la absorción de conocimiento que sólo la cultura puede brindar como fuerza liberadora de conciencias.

El espectro cultural es extenso e inagotable, los investigadores, historiadores, dramaturgos y críticos, deben comenzar a publicar y sobre todo a exportar conocimientos, logrando así apropiarse del mercado mundial.

Los cineastas y realizadores audiovisuales deben comenzar a producir piezas de alta calidad, para competir con los contenidos emitidos por los laboratorios mediáticos burgueses, que a través de sus lenguajes y estéticas bien pensadas, continúan generando millones de dólares al año, mientras encadenan y deforman a la sociedad con sus mensajes llenos de antivalores y falsa moral.

Es el momento que el teatro tome de nuevo las riendas, atacando de forma contundente a los mercenarios de las tablas, que afianzados en la deformación de nuestra sociedad, han convertido la libertad de la tragedia de Sófocles, Esquilo y Eurípides y la comedia de Aristófanes, Cratino y Eupolis en el más toxico libertinaje.

Rafael Rodríguez

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