Al boom literario,

porque nos hizo estallar

la conciencia lectora y más

En Petare, por sus montañas pobladas de ranchos en los dramáticos tiempos de los gobiernos del puntofijismo, en plena Cuarta República, las y los revolucionarios, proponíamos permanentemente leer en las paredes. Éstas servían para proyectar irreverentes películas del incipiente y crítico cine nuestroamericano, que había encontrado un punto de comprometido apoyo en la revolucionaria cuba que, culturalmente, inauguraba organismos como el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, conocido por sus siglas Icaic.

En esas paredes leímos visualmente películas como Memorias del subdesarrollo (1968), una de las precursoras del nuevo cine cubano, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y basada en la novela de Edmundo Desnoes; El chacal de Nahueltoro (1969), escrita y dirigida por el chileno Miguel Littin o Pueblo de lata (1973) del venezolano Jesús Enrique Guédez; tan solo por nombrar unas poquísimas.

De las paredes como pantallas subversivas a la intemperie y asiento de las “pintas” (ahora se les dice graffitis) con mensajes políticos revolucionarios, saltábamos indeteniblemente a los libros. Allí es donde encuentro –entre otras similares- al Pedro Páramo, novela del mexicano Juan Rulfo, llevada también al cine por Carlos Velo, en la película homónima con guión suyo, de Carlos Fuentes y Manuel Barbachano Ponce.

Y me detengo aquí, en esta ocasión, porque novela y película se metieron en mi memoria con igual intensidad, de tal modo que tomo a Pedro Paramo como una oportunidad más de homenajear al libro, a sus escritoras y escritores, a sus lectoras y lectores. También al cine, a sus realizadoras y realizadores, por su manera mágica de promover a los libros y a las lecturas.

La novela de Rulfo, se metió en mi gusto juvenil de lector, en tiempos cuando el denominado “boom literario” constituía un verdadero estallido. Gravitan todavía en mi conciencia gustual lectora obras de la novelística nuestroamericana como Historias de Garabombo el invisible, Redobles por Rancas o El jinete insomne, del peruano Manuel Scorza.

El realismo mágico de nuestros escritores aterrizó en mí, asociado con aventuras muy ligadas a las luchas sociales de nuestros pueblos, especialmente indígenas y campesinas. Y es allí donde Pedro Páramo, novela que leí, y más tarde la pude apreciar llevada al cine, me permite que pueda considerarla, todavía en la actualidad, como de un muy acertado ritmo narrativo, tanto en su original como en la película de Velo.

En fin, el emotivo relato en el que el coprotagonista es el joven Juan Preciado, quien “persigue” a su padre (Pedro Páramo, el otro protagonista, por cierto, para mayores detalles) durante toda la vida, como buscando enmendar el abandono temprano de éste. La historia de la búsqueda del regreso de aquello que siente que le fue arrebatado, es lograda por Juan Preciado después de la muerte de su madre, en una narrativa dual con las vidas paralelas de Pedro Páramo y Juan Preciado. Es la búsqueda del regreso de aquello que le fue arrebatado, es decir, el cobro hacia su padre por haberlos abandonado.

En el caso presente, Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo, puede ser leída en pantalla y seguramente no se pierda nada de la esencia narrativa de Rulfo. Pero este empedernido lector les recomienda el contacto con el libro. Usted mismo descubrirá que su imaginación lectora siempre será insuperable.

Publicado originalmente en: http://www.aporrea.org/actualidad/a226698.html

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