Tal como el profesor Federico Álvarez aludía, hablar de interpretación en el periodismo resulta, incluso a la fecha, un proceso complejo ante el predominio de la soberbia dentro de las redacciones de los medios de comunicación social. Y es que al propio Ávarez (2010) al intentar definir la interpretación asume que: “El diccionario se limita a señalar que consiste en «la explicación del sentido de las palabras». Pero el término ha adquirido, en el transcurso del tiempo, connotaciones que rebasan esa inocente definición etimológicas. Las reservas que despierta el vocablo no derivan de su naturaleza terminológica, sino de los usos que ha recibido de la práctica diaria”.

No es para nadie un secreto que la quimera que ha alentado la doctrina de la objetividad ha supuesto serios desafíos académicos y profesionales, que hoy se mantienen con menos fuerza pero que sin duda aún le otorgan cierta rareza a la interpretación en el oficio periodístico. Suele atribuirse a esta familia de géneros la profundidad, otra artimaña conceptual de la que se han apoyado la academia y los medios para caracterizarla, atribuyendo su diferencia al periodismo informativo sólo desde una perspectiva cuantitativa al sostener un mayor número de datos.

Esta falta unificación de criterios en lo referido a la acepción del término, nos lleva a plantearnos fórmulas para comprender qué debemos hacer para practicar el periodismo interpretativo sin caer en la odiosa confusión entre los otros géneros periodísticos: informativos y de opinión.

El mismo Álvarez (2010), para intentar acabar con esas lagunas cita una intervención de Markel Lester¹ durante un debate impulsado por el Instituto Internacional de Prensa en Londrés en 1953:

Hay una diferencia enorme entre la interpretación y la opinión. La primera es objetiva, o tan objetiva como pueden serlo los hombres. La segunda es subjetiva. He aquí una ilustración: Relatar que el Kremlin lanza una ofensiva de paz es una información. Explicar por qué el Kremlin se comporta así en ese momento es una interpretación.  Decir que toda oferta de paz del Kremlin debe ser categoricamente rechazada es la expresión de una opinión.

Álvarez  sostiene que el culto a la objetividad llevó a Merkel a plantear una innecesaria confusión al respecto de la objetividad. Además refuta que al proponer los tres tratamientos diferentes que puede darle un periodista a un determinado hecho, este periodista cae en una aberración al soportar como ejemplo informativo una frase adjetivada “ofensiva de paz”, ya que a su juicio el  termino ofensiva de marcada naturaleza militar condiciona el contenido de la frase.

Por otra parte, el profesor Álvarez en su obra la Información Contemporánea, sostiene la explicación de Erwin Canham² sobre la interpretación:

Las interpretación así comprendida no debe ser confundida con el análisis, que estudia y discute todos los aspectos del problema. Ésta es, de hecho, la mejor forma de reportaje. Nadie podrá acusar al periodista de emitir un juicio de valor o de ensayar una interpretación, si él acude a un hecho o una declaración del año anterior que arroje luz reveladora sobre los acontecimientos actuales. Esto es lo que entendemos por interpretación: ir al fondo de las cosas, esclarecer las relaciones entre ellas, colocar con intuición los acontecimientos en su contexto.

Sin tratar de reducir el proceso interpretativo a la mera acumulación de hechos y admitiendo que soporta cierta carga de subjetividad y a la vez de acuciosidad periodística. Es importante, aclarar que los hechos se constituyen en este tipo de género, la base fundamental para la elaboración de trabajos periodísticas, pero se le añade la actividad intelectual que por muchos años fue desdeñada desde la doctrina objetiva del periodismo. Con ello,  aludo que todo hecho tiene una historia, deviene de otros circunstancias que lo antecedieron, da frutos y forma parte de un proceso más general que precisamente la interpretación procura que el lector obtenga los elementos necesarios para su debida comprensión.

Entonces, la fórmula más sencilla para establece un contexto en la interpretación es visualizar tres grandes perspectivas: involucrar acontecimientos pasados que guarden relación con la hipótesis que pretendes estudiar, considerar las circunstancias  actuales que rodean ese hecho y las posibles consecuencias que se puedan generar a partir de ella.

Álvarez (2010) sistematizó el proceso a seguir para la realización del reportaje interpretativos y cuyos aspectos podrían resumirse de la siguiente manera:

1.- Selección del tema.

2.- Plantear una hipótesis de trabajo. Esta hipótesis sirve de punto de partida, de guía, de brújula a la investigación.

3.- Investigación para corroborar la hipótesis. Consulta a fuentes documentales (bibliotecas, archivos personales e institucionales, otros) y en fuentes vivas (entrevistas, conversaciones con protagonistas, antagonistas y testigos. En el caso de negar la hipótesis, desecharla y “elaborar la tesis con los elementos que se desprenden de la investigación”.

4.- Planteamiento de la tesis del reportaje

5.- Jerarquización y ordenación de los datos encontrados.

6.- Redacción del reportaje

Sin embargo, es importante aclarar que el profesor Álvarez (2010) sostiene que quienes practiquemos el periodismo interpretativo no debemos confundir ese proceso con la emisión de opiniones directas. Se hace necesario entonces dedicarse a enfocar los hechso en sus relaciones causales y en sus vinculaciones con el contexto que le es propio.

 


¹Markel Lester era en 1953 el jefe de redacción de la edición dominical del New York Times.

² Erwin Canham, ex director del Christian Science Monitor

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