Pese a las apreciaciones de dos admirados amigos, periodistas –ambos- de reconocida trayectoria mundial, considero, afirmo y defiendo que la Operación Cóndor fue planificada, organizada y ejecutada desde los Estados Unidos, a través de aparatos como el Pentágono y la CIA.

John Dignes, periodista, investigador y autor del libro Operación Cóndor. Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur, y Eleazar Díaz Rangel, periodista y director del diario venezolano Últimas Noticias, argumentan razones que, en el fondo exculpan al imperio yanqui, a los Estados Unidos y, especialmente a la CIA, de estar detrás de esa “década del Cóndor”.

Por su parte, Dinges lo expresa claramente en varios momentos de la exposición de los resultados de su investigación. Casi concluye sus páginas con la afirmación: “No creo que Estados Unidos haya tenido la intención de alentar los asesinatos en masa o las misiones terroristas internacionales que llevaron a cabo nuestros aliados militares en América del Sur durante los años del Cóndor”. Obviamente que John Dinges se asume como nacional estadounidense y aún ante la contundencia de sus críticas, defiende a su patria y la “exculpa” por los crímenes horrendos evidenciados todos los años de las dictaduras, en Argentina, Uruguay, Paraguay y todo el Cono Sur, pero, especialmente en el Chile de Pinochet.

Dice el periodista estadounidense que ha tratado “de establecer la línea de base histórica de la verdad –por lo menos de lo que se encuentra documentado- sobre la relación del gobierno estadounidense con el personal militar responsable de estos crímenes internacionales masivos”. Incluso, de manera muy explícita, asume su esfuerzo por “equilibrar mi crítica sobre la complicidad de Estados Unidos con el respeto hacia los muchos funcionarios que trataron de ser fieles a sus principios mientras se implementaban políticas de profunda ambigüedad moral”.

Por supuesto que reconocer o no “complicidad” de los Estados Unidos, para nada significa que haya habido una planificación estratégica desde ese país imperial. “Después de todos estos años, el mayor obstáculo en esta tarea sigue siendo el secreto oficial de Estados Unidos y un deseo todavía vigente en algunos sectores de engañar, confundir y hasta encubrir el alcance de la relación de esta nación con la Operación Cóndor” (páginas 33 y 334 en el libro de marras). Pero, desde mi perspectiva y subjetividad, me resulta evidente que no solamente estamos ante el relato de unos acontecimientos característicos de una década en el Cono Sur y tenidos como “los años del Cóndor”, sino que ellos fueron planificados desde el Pentágono, por órdenes del Departamento de Estado y con una participación directa y de coordinación, en materia de inteligencia, por la Agencia Central de Inteligencia, conocida por sus siglas en inglés, CIA.

Sería demasiado ingenuo creer que una operación político-militar de esa magnitud y con fines muy claros y expresos de “detener los avances del comunismo” en la región, no estuviesen coordinados desde los poderosos aparatos imperiales estadounidenses. Señala el propio Dinges que “existen pruebas de que la CIA sabía de la existencia del Cóndor a poco más de uno o dos meses de su creación. Hacía tiempo que la CIA alentaba la idea de una mayor coordinación entre las fuerzas militares de la región, especialmente en el área de inteligencia y comunicaciones” (página 25).

Por su parte, Eleazar Díaz Rangel considera que la llamada Operación Cóndor no se trató de “acciones organizadas y dirigidas a desestabilizar gobiernos de avanzada o de izquierda en América Latina”, tal como ocurre hoy contra Venezuela desde el triángulo España – Colombia – Estados Unidos (o Madrid – Bogotá – Miami, para nombrarlo por las ciudades específicas, como lo hace Díaz Rangel). Señala el periodista venezolano que “si algo en común tuvieron la Operación de los años 70-80, y ésta que no existe como tal -pues se trata de una ofensiva contra gobiernos de avanzada, es que ambas estuvieron, o están, dirigidas contra la izquierda, una clandestina, subversiva, y otra gobernando”.

Es allí donde coincido plenamente con el compañero Díaz Rangel. Pero, más allá de una polémica acerca del carácter estructural y organizativo de aquella Operación Cóndor, lo que sí parece evidente es que esa experiencia debe haber servido para imaginar en la actualidad, un conjunto de estrategias tendientes a desestabilizar a los gobiernos y liderazgos progresistas, izquierdistas o socialistas que han surgido en Nuestramérica. Asimilarlos bajo el alerta tenebroso de un código conocido como el de “Operación Cóndor”, es un alerta político, ideológico y militar, y así lo asumo en mi terca insistencia por enfrentar a un enemigo que todo lo calcula y planifica con sentido violento, terrorista y desestabilizador, siempre en función de la defensa de sus intereses de clase.

En todo caso, ante la pregunta que me formulo como título de esta nota: ¿estrategia o evento?, estoy convencido de que la llamada Operación Cóndor no fue un evento, imprevisto y surgido desde el seno de una coyuntura. Como tampoco le es el conjunto de acciones que hoy observamos en pleno despliegue. Sería subestimar a un enemigo tan poderoso, como lo es el imperio estadounidense.

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