Betania Franquis - Estudiante de Comunicación Social UCSAR
Betania Franquis – Estudiante de Comunicación Social UCSAR

El reportaje, como el protagonista de los géneros del periodismo surge de la inapelable curiosidad del  hombre por saber aun más acerca de todo cuanto acontece a su alrededor, en relación con él mismo desde su naturaleza humana. El dar a conocer un hecho y reportarlo lleva consigo una serie de desafíos de carácter ocupacional que deben ser sorteados por el periodista.

La llegada de la tecnología y los tiempos modernos han simplificado un sinfín de actividades, acostumbrando a la gente a la comodidad de la inmediatez y a lo insustancial de los argumentos carentes de comprobación. Es aquí donde el comunicador debe marcar la pauta y afrontar el reto que supone la averiguación exhaustiva de primera mano. El  reportaje nace del sacrificio y agoniza en la mediocridad que supone el exagerado facilismo moderno.

Recurrir a una página web nunca sustituirá el estar en el lugar de los acontecimientos. Limitarse a abordar un tema solo por cuestión de comodidad, atenta contra el compromiso periodístico de ir en la búsqueda de lo noticioso. Vivir la experiencia y nutrirse de ella, le permitirá al comunicador social trasmitir con mayor claridad aquello de lo que fue testigo. Una entrevista efectuada a las fuentes primarias más allá de ser un proceso comunicativo, añade peso y aporta veracidad. “No es lo que se dice sino quién lo dice” (Torres, 2015)

El reportaje debe caracterizarse por ser una abertura ampliada de los hechos que,  responda interrogantes, acalle rumores, aporte un contexto, hilvane acontecimientos y además sensibilice al lector, valiéndose para ello de la puesta en práctica de un conjunto de técnicas periodísticas que orienten la labor investigativa, con el propósito de aportar al trabajo desarrollado un enfoque profesional atractivo y eminentemente informativo a profundidad.

Es aquí donde valdría la pena cuestionarse de qué forma podría un reportaje cumplir con dichas expectativas,  el periodista al  cubrir  un tema determinado para esclarecer un suceso o comprobar una hipótesis, debe saber de antemano las implicaciones de rigor inquisitivo que conlleva el quehacer reporteril, pero, ¿cómo buscar contenido de calidad que demuestre la tesis planteada o avale los argumentos propuestos? En pocas palabras, ¿cómo se asegura el comunicador social de elaborar un buen reportaje?

Pese a que no existe un método exacto para hacer un reportaje perfecto, la existencia de ciertos lineamientos debe ser para el periodista la guía que le conduzca a organizar sus ideas con claridad, a fin de plasmarlas en el papel de la mejor manera. No se trata por lo tanto de recurrir a la facilidad  proporcionada por las vías de información rápida en  un intento de ser simplemente acuciosos.

La indagación debe estar regida por el olfato periodístico del investigador de acuerdo a la exploración de nuevas perspectivas en torno a aquello que va a ser  investigado, a fin de contribuir con la formación de nuevas aristas que satisfagan el interés de los lectores y cierren la brecha de la desinformación.

La elaboración de todo reportaje valorado por su calidad, inicia desde la elección del tema  a tratar. “La mayoría de reportajes parten de noticias que han sido difundidas, en la prensa, la radio o la televisión; informaciones que contienen una buena carga  de significación social…” (Abreu, 1991, p.21). Será el interés colectivo  uno de los factores que determinará que tan factible es averiguar con respecto al asunto elegido. Gran parte de la población se decanta por temas actuales que  también son poco conocidos, es decir raros o escasamente estudiados.

“Del mismo  modo, es factible ubicar en esa categoría a aquellos temas aparentemente banales pero que pueden dar por resultado un tema interesante” (Abreu, 1991, p.21). Aunque los temas originales son los más recomendados, será la habilidad del periodista con la adhesión de nuevos elementos los que enriquezcan  el texto y le aporten un nuevo matiz para hacerlo llamativo al ampliar con nuevos datos, cifras, antecedentes, etc.

Elegido el asunto a tratar, se hace indispensable la organización de aspectos como las fuentes y el presupuesto. Las fuentes vivas a consultar y la disponibilidad de ellas, así como la localización de las mismas y el tiempo con el que se cuenta para el despliegue del trabajo periodístico. No siempre las fuentes estarán cercanas al periodista, lo que podría implicar un gasto adicional económico y de tiempo.

Al consultar las fuentes (documentales y vivas), es conveniente evaluar los puntos de vista de diversos autores en lo referente al tema escogido, aunque el periodista pueda no coincidir con éstos. “A mayor cantidad de fuentes, mayor credibilidad” (Torres, 2015).  El manejo del contenido de forma amplia de acuerdo a sus  antecedentes, causas y posterior desenlace  es lo que permitirá recolectar abundante material que contribuya a determinar la  óptica más adecuada bajo la que estará dirigida la pesquisa.

En cuanto a la realización de entrevistas, cobra relevancia el balance de opinión de las fuentes. Quien escribe debe presentar los distintos puntos de vista de los entrevistados y evitar la parcialización. Se trata de contrastar  criterios y darle la oportunidad al lector de discernir hacia qué lado se inclina.

De igual forma, al interrogar prevalece el ser directo con las preguntas sin divagar en aspectos superfluos que aporten poco a la investigación. En este caso, es conveniente evaluar anticipadamente la forma más efectiva de realizar preguntas que den a conocer nuevos ángulos de aquello sobre lo que se indaga, tomando en cuenta lo que cualquier lector se preguntaría con respecto a ese tema o situación particular.

Una vez obtenido el contenido suficiente es tiempo de seleccionar lo más relevante, que será usado de acuerdo al enfoque que presentará el reportaje. Colocar todo cuanto haya sido suministrado por las fuentes no es garantía de éxito al hacer un trabajo periodístico. Extenderse demasiado en un solo punto puede resultar tedioso para algunos lectores.

En el  momento de  escribir impera la necesidad de ser astutos, a fin de retener el interés de quien  ya ha sido cautivado por el encabezado, que debe ser impactante e ingenioso a primera vista.  “Los reportajes no abarcan necesariamente un hecho de feroz actualidad. Por eso su título debe modelarse con imaginación” (Grijelmo, 1997, p.467).

Al redactar la entrada se debe procurar mantener enganchado al lector porque de ello dependerá que lea el texto completo o no. Por lo que se recomienda iniciar con anécdotas o hechos curiosos,  donde pueda emplearse la descripción que no sólo puede ser utilizada en el arranque sino también en gran parte del reportaje.

En este sentido, la observación es la herramienta idónea del comunicador social. “Estar, ver, oír, compartir, pensar, son los cinco sentidos que todo periodista debe tener para el buen ejercicio de la profesión” (Kapuscinski, 2003, p.88).  Una buena descripción es entonces aquella que logra involucrar al lector mediante la recreación mental de escenas que lo hacen sentir inmerso en el relato y que además estimulan su motivación de proseguir con la lectura.  “Lo importante es producir la sensación en el lector, impactar sus sentidos” (Álvarez, 1978, p.115).

Concluida la entrada podría darse paso a la redacción del cuerpo, sin embargo, en tal caso de que el lead no contextualice lo suficiente la información como para ubicar al lector con inmediatez, algunos autores sugieren la redacción de un párrafo enlace que encarne la idea a exponer de forma directa para dar continuidad con el desarrollo de la estructura.

“La redacción del llamado párrafo de contexto o enlace es tan o tal vez más difícil que la entrada, pues en estas pocas líneas se debe contextualizar el relato, explicar el tema y además, se hace la transición de la entrada o arranque hacia el cuerpo del reportaje donde se desarrollará el tema” (Lizano, 2014, p.221).

A la hora de escribir el cuerpo, suele ser frecuente  el descuido en cuanto al contenido de los párrafos y el orden de los mismos. La división por segmentos permite diferenciar bien las ideas, siempre y cuando éstos  no sean demasiado extensos. Y en lo concerniente a la estructura del relato, es aconsejable el tiempo lineal aunque esto no signifique que no se pueda jugar con los tiempos, si el autor lo considera necesario para acrecentar el interés o variar el ritmo de la lectura.

La incorporación de datos no debe presentarse siempre dentro del cuerpo, en algunas ocasiones la adición de cifras o estadísticas puede requerir de una infografía bien elaborada en la que se aprecie la comparación. Para de esta manera impresionar al lector y hacerle comprender mejor el contexto planteado desde el principio.

“Al igual que las infografías los PUI cómo pequeñas unidades de información son de utilidad para agregar datos concretos no incluidos en el cuerpo” (Torres, 2015).

Nunca debe descuidarse el  cierre, éste debe ante todo dejar en claro que es ése el final del relato. Una buena técnica es finalizar el texto reconectando con uno de los planteamientos que haya sido propuesto al inicio, para reforzar lo expuesto en el reportaje. “Las funciones del cierre son muchas: conmover, ratificar una idea, llamar a la acción, inquietar, sintetizar etc., por lo que debe ser congruente con las  ideas desarrolladas a lo largo de la entrada y el cuerpo” (Lizano, 2014, p.227).  Un  cierre apropiado  conduce a la reflexión  o al cuestionamiento.

Con la presentación de estos argumentos,  es observable pues, que en el reportaje confluyen una serie de aspectos que escapan de ser tomados a la ligera. El ejercicio periodístico al reportar es entonces, la averiguación íntegra, la argumentación con base, la observación detenida; el contraste de elementos y opiniones, la jerarquización de los hechos, la elegancia de las letras, el arte de hacerse entender. “La tarea esencial del reportero es ir, ver y contar” (Gomis, 1974, p.51).

Uno de los grandes  desafíos que encara el comunicador social en estos tiempos consiste en recuperar a esos lectores que han sido cautivados por la accesibilidad y rapidez de la era informática. El reportaje escrito tiene la capacidad de trascender en el tiempo y está en manos del periodista hacer de su trabajo, un texto único capaz de convencer o generar matrices de opinión. Más allá de una cuestión ética, el periodismo y en específico un reportaje supone la entrega total a nivel profesional en aras de la verdad y a favor de la deliberación participativa.

Por Betania Franquis

@Lemoussemouth

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