El periodismo es una actividad profesional que en términos generales consiste en la captación y tratamiento de la información en cualquiera de sus formas y variedades. Esta profesión, en la mayoría de los casos, fue ejecutada por el sexo masculino, que ansioso de poder buscaba llegar a la mente de las personas, sustentado en el sistema patriarcal, que legitima la desigualdad del poder entre hombres y mujeres y que le otorga al género masculino la preeminencia en uno o varios aspectos de la vida política, económica, social, intelectual, cultural de nuestras sociedades.

 No es casual que hasta 1969 las mujeres no hayamos sido admitidas en la Sociedad de Profesionales del Periodismo. Eso se debió a la consecuencia de esa misma cultura patriarcal fomentada desde la industria cultural con marcados rasgos capitalistas, para la que las mujeres siempre fuimos sinónimo de: amas de casa, madres y esposas; y muy pocas habían tenido la oportunidad de ejercer una ocupación que la llenara de éxitos y la llevara a ser reconocidas por terceros.

 Es gracias a la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, escrita por Olimpia de Gouges, feminista y revolucionaria, quien siempre defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, que ahora el género femenino es reconocido mundialmente por los diferentes trabajos realizados de forma igualitaria con los hombres.

Venezuela no escapa de ello, gracias a la inclusión social que experimenta el país desde hace 17 años, la mujer venezolana ha logrado calar posiciones en todos los ámbitos, ya sean políticos, culturales, deportivos, comunicacionales, que ayudan al pueblo a integrarse colectivamente y a lograr lo deseado.

No hay mayor orgullo que siendo mujer, nacida en esta Patria con nombre de mujer, tenga mis frutos profesionales y personales en la tierra de Bolívar, ésta que me vio nacer y que ahora observa todos los logros, no sólo mis particularidades, sino de toda aquella fémina que han decidido luchar por sacar al país adelante y demostrar de lo que estamos hechas.

Cada quien tiene diferentes aspiraciones en la vida. Es común que los padres le pregunten a sus hijos cuando están pequeños: qué quieres ser cuándo seas grande; y más normal es que los infantes respondan como se imaginan cuando sean adultos.

Mi madre y mi padre, siempre me preguntaron qué quería lograr como mujer adulta y mis respuestas siempre fueron: una familia, una casa, un carro; pero cuando me decían cuál era la profesión que iba a escoger, nunca dude en decir “periodista”, ni siquiera en la adolescencia donde muchos nos ponemos rebeldes y queremos llevarle la contraria al mundo.

A mis 18 años, comencé la universidad y justo la carrera que quería “Comunicación Social”, poco a poco fui entendiéndola, amándola y queriendo dar el 100% por y para ella. Así pasaron cinco años intensos de estudios, luchas, tristezas y satisfacciones universitarias, siempre con el anhelo de comenzar a ejercer la mejor profesión del mundo cono la catalogó nuestro siempre querido Gabo.

Ahora, ya siendo adulta, periodista y ejerciendo este oficio, reitero que somos parte fundamental de la sociedad y del mundo. Tenemos en nuestras manos el poder de comunicar las informaciones de forma veraz y oportuna, ante cualquier acontecimiento que suceda en el globo terráqueo sin que eso constituya una desventaja ante un compañero masculino. Y mucho más, en esta etapa tan crucial para la historia universal, porque estamos viviendo una era de inclusión social, donde se toma en cuenta al pueblo reprimido y abandonado por aquellos que decidieron dejar a un lado a la gente humilde y trabajadora.

En Venezuela, el Comandante Eterno, Hugo Rafael Chávez Frías, siempre tuvo la fuerte convicción de reivindicar los derechos femeninos en todas las áreas laborales. Recuerdo cuando estaba pequeña, que era muy raro ver a mujeres ejercer cargos importantes, siempre eran: de secretaria, asistente, limpieza, y si por casualidad había alguna que tuviera un “cargo importante” era motivo de burlas y humillaciones.

Ahora, gracias a la Revolución que emprendió su camino hace 17 años, somos más las mujeres que ejercemos cualquier papel dentro del socialismo, que somos tomadas en cuenta en las decisiones que se toman colectivamente, que tenemos el poder y la influencia en movimientos políticos, culturales, económicos y sociales, que nos quitamos el miedo y decidimos ser policías, investigadoras, científicas, detectives, para defender a la Patria y lo más importante, que asimilamos que somos fuerza dentro de todo lo que se genera en Venezuela y el mundo.

Ya el ser mujer no es sinónimo de represión y censura, nos reconocen en nuestro papel de trabajadoras, voluntariosas, guerreras, amorosas, competitivas, inteligentes, proactivas, profesionales y sobre todo luchadoras. Y estos calificativos nos han servido para ser firmes y defender nuestras creencias, pensamientos y acciones.

Hace unos días la indignación llegó a todos los venezolanos, o por lo menos a la mayoría, cuando un grupo de simpatizantes de la oposición venezolana, agredieron a varios oficiales de la Policía Nacional Bolivariana, entre ellos dos mujeres que decidieron ser policías para defender y resguardar al pueblo.

Estos jóvenes, que al parecer en su casa no les enseñaron a respetar a una dama, descargaron su furia ante esas dos mujeres, por el simple hecho de ejecutar su trabajo y ser eso, mujeres. Esos “hombres” no midieron lo que hacían y con mucha “arrechera” casi asesinan a las oficiales de la PNB.

Como mujer y periodista, ese hecho me llenó de indignación como seguramente sería el mismo sentir el miles de mujeres venezolanas que no se explican el porqué del comportamiento de estos sujetos. Luego de los numerosos comentarios en contra de estas acciones violentas comprendí que entre nosotras existe la sororidad, que es la solidaridad entre el género femenino y que no debemos permitir que el pasado sistema patriarcal quiera dominarnos de cualquier forma y manera.

Y eso me hace reflexionar y preguntarme, ¿Si tanto hemos avanzado durante estos 17 años, cómo podemos permitir que un grupo de niños arremetan agresivamente contra lo creado por Dios, y cómo pueden haber personas que defiendan este tipo de acciones violentas por parte de quién sea?

Sí la pregunta es medio complicada, pero en ese mismo momento entendí la respuesta: somos nosotras MUJERES las que no debemos permitir que sucedan este tipo de cosas y aún más comprendí el papel que jugamos las periodistas, al tener que ser aún más más fuertes, con aplomo y mucha convicción para defender lo que se cree y se ve, de modo de reivindicar nuestros derechos.

Somos las encargadas de decir la verdad y la justicia para elevar la conciencia de género a través de los medios de comunicación, pero no sólo desde la óptica del número de mujeres que cubrimos las fuentes más difíciles o de la cantidad que ocupa una silla en la sala de redacción, sino que el papel a desempeñar debe trascender que las corporaciones mediáticas legitimen el sistema patriarcal e institucionalicen los mitos que se han inventado en torno a las mujeres, además para darle un parado a la mala costumbre de utilizar el poder para construir una realidad distinta y tergiversada.

Somos fuerza, valentía, verdad, sentimiento y lucha. Somos mujeres andantes, pensantes y que reaccionamos a la defensa de quien nos necesite.

Estamos llamadas entonces a promover políticas de comunicación con contenido de género, luchar por la erradicación de monopolios que han generado falta de democracia informativa y motivar la sensibilización de las mujeres y hombres comunicadores para modificar las lógicas discriminatorias que reproducen estereotipos.

Como primera acción, queremos colocar a disposición del Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, la modesta plataforma de Conciencia Periodística para potenciar y consolidar la equidad de género a través de talleres permanentes dirigidos a comunidades y medios de comunicación social en el país, conscientes de los nuevos desafíos y la creación de nuevos paradigmas.

También sugerimos considerar la creación de un premio de periodismo en el país que lleve el nombre de Doris Francia, destacada periodista que lamentablemente falleció el 28 de junio de 2015, mujer con profundas convicciones y apegada a la verdad y la justicia social.

Méritos le sobran pues Francia es un referente a seguir por quienes siendo mujeres nos hemos dedicado enteramente al oficio periodístico. La valentía y la osadía de Doris Francia es algo digno de emular, pues en 1977  fue detenida por funcionarios del Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) por publicar un artículo sobre la fuga de los presos políticos de la Cárcel Nacional de La Pica en Maturín, titulado: “13 presos políticos de la cárcel de La Pica conquistan su libertad”, por el cual se le acusó de instigación a la rebelión militar y apología de un hecho delictivo, juicio ordenado por el mismo presidente Carlos Andrés Pérez.

Más allá de los contenidos basuras que promueven algunos programas de televisión, cuya producción está soportada en un profunda discriminación hacia el género femenino, las mujeres venezolanas estamos llamadas a dar la batalla comunicación en estos tiempos de coyuntura. Las mujeres debemos estar en defensa de la verdad y de la patria, pues ambas son mujer.

En fin, yo soy mujer.

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 Cixtefany Hidalgo

Mujer Periodista

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