El periodismo como ocupación en su forma tradicional comprende la divulgación de la noticia y por lo tanto la búsqueda de la verdad. Desde tiempos remotos, el dar a conocer un hecho se transformó en una estrategia de difusión que a través de distintos medios experimentó una evolución paulatina. Desde el papiro y los manuscritos en la pre historia hasta la llegada de la imprenta en la edad media y el nacimiento del primer periódico, ha sido notoria su evolución, que bien podría ser sólo técnica en este caso.

El progreso experimentado en esta profesión a través de los años, engloba muchos otros campos relativos a la comunicación como proceso en el que intervienen una serie de factores, que se extienden a lo económico, social, empresarial, tecnológico e incluso académico. Significando una complejidad que compromete ámbitos diversos que, diferentes entre sí, confluyen para crear una serie de circunstancias que constituyen para el gremio de periodistas, un reto constante e inacabable, propio de estos tiempos.

Ante tales desafíos, es natural para el estudiante de comunicación social llenarse de inquietudes. Preguntas que pueden ser la entrada de interminables debates. El periodismo como negocio, la era de la difusión informática, la ética y la línea editorial y la expectativa de la práctica versus la realidad que implica tal oficio, son solo algunos de los temas más recurrentes. Tópicos que resume muy bien Ryszard Kapuściński en su libro Los cinco sentidos del periodista y que serán de gran utilidad para resolver la idea principal de este ensayo, orientado a demostrar el quehacer periodístico desde su naturaleza multifactorial en dos ópticas diferentes, la del sujeto (periodista) y su entorno (medio de trabajo).

Con el transcurrir de los años una idea estereotípica del periodista se ha erigido en el imaginario social colectivo, la de chismosos atroces y sin escrúpulos, difamadores e incluso peor, en una paradoja que atenta contra la esencia del oficio, manipuladores de la verdad. Es aquí cuando la construcción de la ética se torna importante en la práctica, que debe ser para todo comunicador una prioridad. El amplio conocimiento que se tenga sobre los hechos conforma el pilar básico de todo buen trabajo investigativo que debe darse como producto del proceso creativo individual propio de cada quien.”Para producir una página debimos haber leído cien. Ni una menos” (Kapuściński, 2004, p 20).

Además de toda la información extra y una adecuada selección de material, en una clara interpretación de lo expresado por el mismo autor, podemos deducir que el periodista más allá de observarse a si mismo desde su rol individualista como reportero, debe concebir en el mismo grado de importancia su acercamiento con los otros, en referencia al servicio que le brinda a los demás, siempre con uso de la sociabilidad como herramienta y no como mera estrategia en la recolección de datos. “El mejor camino para obtener información pasa por la amistad, decididamente. Un periodista no puede hacer nada solo, y si el otro es la única fuente del material en que luego habrá de trabajar, es imprescindible saber ponerse en contacto con ese otro, conseguir su confianza, lograr cierta empatía con él”. (Kapuściński, 2004, p 8).

Al momento de reportar es primordial manejar un alto conocimiento acerca del contexto y más aun estando en el lugar de los acontecimientos. Un periodista no puede limitarse a ser solo una pieza muda en un gran rompecabezas, su labor debe iniciar desde el genuino interés por abordar una problemática. Es indispensable que el comunicador más allá de adquirir popularidad solo por su apellido o reconocimientos, lo haga por su trabajo, satisfacción alcanzada a través de la experiencia y el aprendizaje constante.

El trabajar con la inmediatez de los sucesos noticiosos, principalmente en esta época tecnológica, demanda habilidad y rapidez pero sobretodo exactitud. En detrimento de la transferencia de datos ofrecidos por las redes de la internet a una velocidad de micro segundos, el periodismo tradicional cuenta con el gran beneficio de la pericia investigativa, profundidad informativa que requiere de intuición y ante todo vasta cultura.

El quehacer periodístico renace cada día, en cada minuto porque los acontecimientos que son novedad simplemente no dejan de suceder, son la mejor evidencia del vertiginoso ritmo de acuerdo al cual se mueve el mundo. Es por esto, que la lectura diaria cobra una relevancia incomparable. El dominio de contenido en diversas materias constituye una fuente inagotable de material que servirá como base o trasfondo en el planteamiento o enfoque de nuevos temas a tratar o enfrentar en el transcurso de la profesión, sea cual sea la ocasión. “Quien maneja la información, domina la situación” (Torres, 2015).

Los temas diarios de conversación y debate dentro del espacio público, impuestos por la agenda setting son por otra parte asuntos pertenecientes a la globalización de la que habla
Kapuściński. Disgregadas en distintos diarios, cadenas de televisión o radios, las noticias de interés mundial se ven supeditadas a las preferencias de la población y el alcance geográfico. Para ilustrar mejor la idea, es preciso ejemplificar con los artículos de opinión.

En la sociedad venezolana se leen diarios como en cualquier otro país, pero ¿qué tan leída es la sección de opinión? conocer los asuntos objeto de discusión entre los líderes de opinión como figuras prominentes y participativas, parece poco importarle a gran parte de la población que ignora estas página de forma automática. “El artículo opinión es la columna vertebral de todo periódico, un espacio abierto a la contienda” (Torres, 2015).

Es por ello que entramos al tema de la preferencia y el desarrollo del cuestionamiento balanceado del lector. “Una gran parte de la humanidad no tiene ambiciones intelectuales, sino que aspira a pasar su vida más o menos de buen modo. Esa gente desea divertirse, y esto no se les puede negar” (Kapuściński, 2004, p 17). La capacidad de cuestionar muestra una intricada correlación de ideas y elementos en torno a una situación u hecho reportado desde distintos ángulos por el periodismo, en cualquiera de sus géneros.

Un ávido lector tiene por lo tanto mayor inclinación a formar un juicio crítico si es seguidor asiduo de un escritor, diario, o columna es particular. A través de ese contraste de datos, conseguidos mediante el seguimiento de esa noticia, es como se logra establecer un nexo entre la consecución de determinadas acciones de acuerdo a sus causas, consecuencias, origen, historia, cifras, implicaciones y por supuesto interés colectivo.

En las zonas más aisladas del mundo, empobrecidas y con altos porcentajes de analfabetismo, la carencia de medios informativos acarrea pobreza intelectual y nula o poca capacidad de discernimiento. De esta forma, se hace visible el rol de los medios como moldeadores de la opinión y contribuyentes en la creación de nuevas perspectivas.

Como en cualquier campo vulnerable a los idealismos, el periodismo no escapa de las utopías, entre ellas la de la objetividad que se plantea como un deber ser contrario a la propia naturaleza del hombre en cuanto a su subjetividad. Siendo en sus inicios esta profesión una poderosa ventana de expresión y rebeldía contra lo oficial, la labor periodística era una actividad de prestigio, un servicio a la sociedad ofrecido por escasos individuos que muchas veces desde el anonimato, indagaban en asuntos escabrosos que necesitaban ser esclarecidos y que podían ser de relevancia para la comunidad. “Ahora que la información es una mercancía bajo las leyes del mercado, es decir, destinada a obtener una rentabilidad máxima y apuntar al monopolio, los antiguos héroes del periodismo han sido remplazados” (Kapuściński, 2004, p 11).

En ese contexto la masificación de los medios y el encuentro de la noticia con el sector empresarial, establece un cambio, la línea editorial. La neutralidad es entonces una cuestión de balance más que de direccionalidad. El periodismo en su objetivo básico puede verse censurado si atenta contra esa serie de criterios que comprende la orientación ideológica del medio específico al cual se atiene.

Y si eso funciona así, el rol del periodista ¿cuál sería? en medio de una vorágine de grandes cambios políticos y sociales, el individuo se ve forzado a manifestar su tendencia de pensamiento, tratándose pues, no de una imposición sino de una ley de consideración pública. “Opinión denota aquí la malla informal de los folkways, cuyo control social indirecto es más eficaz que la censura formal bajo amenaza de sanciones eclesiásticas o estatales. Por eso aquella ley recibe el nombre de ley privada de la censura” (Habermas, 1997, p 23).

Aplicable esta cita a los medios de comunicación, se puede establecer el nexo existente y correlativo entre la autocensura del comunicador y la política editorial, al entender finalmente esta concepción, no en el ámbito de la opinión expresa sino más bien en de la libertad de escogencia y presentación de problemáticas o asuntos dignos de ardua indagación periodística, producto de una jerarquización interna y subjetiva. Como un asunto concerniente al contenido y no a la forma de presentación. Es menester afirmar entonces que, ante la multiplicidad de factores determinantes para la existencia de un buen periodismo, debe cobrar preponderancia la ética como pilar de la conducta moral, en el sentido de la responsabilidad que conlleva transmitir para otros el acontecer del mundo en toda su dificultad como compromiso de entrega y no de conformismo profesional. “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas” (Ryszard Kapuściński).

Betania Franquis

Estudiante de comunicación social Ucsar

@Lemoussemouth

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