“Cuídame a Mamá Hipólita,

que no conozco más madre, ni más padre que ella…”,

ella fue para él madre y padre,

porque él quedó huérfano de padre y madre, muy niño…

Hugo Chávez

10 de octubre de 2006

Hugo Chávez recuerda el imperativo de Simón Bolívar pidiendo a su hermana María Antonia que cuidara de su Mamá Hipólita. El Libertador del siglo XXI, nuestro Comandante Supremo, había colocado como epónimo de la Misión protectora de niñas, niños, adolescentes, jóvenes en “situación de calle” el de quien ofreciera amor, calor, resguardo y seguridad al niño Simón Antonio, huérfano a temprana edad.

Cuenta el Comandante Chávez, Presidente, en octubre de 2006, a ocho meses de haber lanzado la Misión Negra Hipólita que “una madrugada, yo salí, creo que iba de La Casona para Palacio. Regresando a Palacio, en la madrugada, fui a ver los hijos un rato y a compartir con ellos y venía a Palacio a las 3 de la mañana, algo así. Entonces veo unos indigentes y me paro a hablar con ellos. Hablamos un ratico, más adelante otro, y más adelante unos niños, entonces me puse a pensar esa madrugada, y concluía, dije, estamos haciendo muchas cosas (…) Así nació la Misión, y le pusimos Negra Hipólita, sabemos por qué, la Hipólita, la Hipólita que fue como una madre y un padre para Bolívar, fíjense ustedes, para que vean lo que significó Hipólita para Bolívar y por tanto para nosotros”.

El Comandante Supremo, estratega de sensibilidad social profunda, de compromiso de clase definido y de ejecución de soluciones sin demoras, lanza esta importante Misión y entiende en sus respuestas una contribución para saldar la deuda heredada de, por lo menos, 200 años de dominio capitalista y cuartorepublicano, pero también entiende y vislumbra en el acto, una respuesta comunicacional a la maledicencia oposicionista que se niega a las transformaciones y a la liberación del pueblo oprimido.

La Misión Negra Hipólita avanza aceleradamente en sus inicios, mientras las oligarquías de siempre hacen esfuerzos desesperados por contener sus beneficiosos efectos sociales y el impacto informativo y comunicacional interno y más allá de nuestras fronteras, por su contribución a disminuir la pobreza extrema, de unos nueve mil niños mendigantes y viviendo en la calle, cuantificados así para el año 1999, comienzo del Gobierno Bolivariano en los albores de la 5ª República.

Hoy, debemos reconocerlo con humilde espíritu autocrítico, el impacto real y comunicacional de la Misión Negra Hipólita ha sido mermado. Reaparecen contingentes de desarrapados, reales o mediáticos, en las calles de las grandes ciudades. Como parte del “ablandamiento” en el campo de las fuerzas revolucionarias, el enemigo imperial dispara muy duro su artillería desde mucho antes de haber desatado con descaro y rudeza, la guerra económica con sus tácticas de desabastecimiento, liberación automática de precios, medidas neoliberales desde el capital financiero y la banca, acaparamiento, inflación inducida y bachaquerismo desbordante. Imágenes de miseria, de “hambreados” y abandonados en atención de salud, pululan por las calles con el discurso caotizador, mediático, entrenados en los laboratorios del “four minutes men”, como rumor para que prenda en las calles como efecto de la desesperanza.

Es el momento de lanzar nuestra ofensiva contramediática, trascender los noticieros del “happy day” y comunicar con actos como el relanzamiento de la Misión Negra Hipólita, para contribuir a frenar la miserabilización real o aparente de la sociedad y, sobre todo, presentar el discurso de los hechos revolucionarios y de la contrahegemonía.

Es la hora. Para luego puede ser tarde. Hipólita está presta para amamantar a la naciente Patria socialista. Ella quiere y puede, en la lucha contrahegemónica, en la contraofensiva mediática, dar el combate. No la dejemos pasar de largo.

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