Por: Iván Padilla Bravo

Mi estilo no es reactivo ante la sarta de ataques fanáticos que despliega constantemente la derecha oposicionista, recalcitrante, desesperada y golpista en su actual anti-madurismo. A mis camaradas, compatriotas y hasta opositores equilibrados (aunque eso suene a inexistente) les invito a leer un artículo del colega José Vicente Rangel, titulado La Nausea, en su columna El Espejo (http://www.aporrea.org/oposicion/a234982.html), que me parece contribuir puntualmente a entender las causas efectos perversos de cierta campaña, constante y erosiva, que –cuando menos- genera miedo e inseguridad, masivos. También pudiera recomendarles que vieran un video doméstico, grabado en Colombia hace un par de años, donde en reunión entre jesuitas y afines, el sacerdote venezolano Arturo Sosa Abascal –ahora ascendido a la categoría de “Papa negro”- analiza la realidad coyuntural venezolana (ver en Conversatorio sobre la realidad socio-política venezolana http://www.aporrea.org/actualidad/n298658.html) y aporta elementos para la comprensión de ciertos fenómenos que, los expertos laboratoristas de la mediática generada desde el imperio yanqui, quisieran verlos asumidos como apocalípticos.

Decir que no me gusta ser reactivo ante las campañas de la derecha ultrosa, de pensamiento único y acciones golpistas y terroristas, que utiliza sus disparos de artillería sin ponderar a quién hiere o mata, sobre todo en el plano del pensamiento, de la conciencia, no significa que no considere que –desde el campo del ejército proletario- hace falta estrategias más claras y una ofensiva comunicacional, inteligente y directa, que rebase o contenga las pretensiones enemigas.

De nuevo los ataques mediáticos de la derecha, colocan a octubre como un mes decisivo para el cumplimiento de sus apuestas a favor del derrocamiento del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y, cuando más, no pretenden ingresar al umbral de 2017 sin haber alcanzado el objetivo de su “renuncia”. El argumento de persuasión y justificación de sus acciones presentes, estaría en que “nadie, pero nadie en su sano juicio, puede pensar que ahora debemos esperar tranquilos hasta las nuevas elecciones presidenciales en el 2019”.

El discurso macarthista (por el senador estadounidense Joseph McCarthy) de marcado acento anticomunista, basado en el terror de los “come niños”, soviéticos y cubanos, no ha variado mucho desde mediados del siglo pasado. Continúan citado con verdadero horror al régimen de “Cuba después de 60 años de gobierno comunista” y, con éste a toda la “temible” Europa oriental de “Alemania (Democrática, supongo), Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Albania y otros países (que) construyeron cercas de miles de kilómetros de longitud. Francotiradores y minas (que) impedían la salida a la libertad. En Berlín, construyeron el muro”, según expresan en su más recientemente terrorífico mensaje “viralizado” por las redes, en otro desesperado intento pos salir de Maduro.

La misma fatalidad histérica sigue cundiendo en sus propagandas que mantienen a disociados y sociópatas activos en una especie de paranoia colectiva que deriva, o debe derivar, en guarimbas, trincheras y trampas de exterminio a inocentes, generalmente pobres, trabajadores, patriotas y chavistas (aunque no siempre consiguen ser tan selectivos). Ahora se autoproclaman “defensores” de la Constitución, refrendada y discutida popularmente en 1999, que jamás habían hecho suya y que miraron con estigma. Pretenden convencernos de que son demócratas y hasta constitucionalistas, mientras gritan con angustia, clamando intervención gringa, de los cascos azules de la ONU o de la tristemente célebre Comisión Interamericana de la OEA, para que -al fin- aplique a Venezuela la humillante Carta desgraciada, puño y letra de sus amos imperiales.

“Quedan pocos días para aún poder reclamar en paz y legalmente (¡!!¡) nuestros derechos constitucionales. (…y finalizan su lloroso llamado, señalando que) Si no lo hacemos ahora, esa ventana se cerrará, tal vez por docenas de años por venir”.

En fin, tal como lo indicamos desde el título de esta nota, es la fatalidad como arma mediática. La derecha golpista planifica y ejecuta sus ataques comunicacionales que, tristemente, son replicados, muchas veces, por cierta izquierda permeada y repetidora acrítica. Las acusaciones nos resbalan, pero las alarmas se encienden, sobre todo cuando ese camaleón de la golpista derecha, aunque a nadie engaña, sigue teniendo éxito en su campaña de rumores, desestabilización e ideologización de mayorías.

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